Los chicos, ahora, conviven con el miedo; tienen incorporada la inseguridad como una amenaza permanente. Los padres de adolescentes que empiezan a moverse con alguna autonomía, notan que sus hijos incorporan, naturalmente, hábitos y códigos de funcionamiento por miedo a los robos.
Entre los propios chicos se transmiten estas pautas. Unos a otros se recomiendan, por ejemplo, no identificar a sus padres, en los contactos del celular, como “mamá” o “papá” sino por sus nombres de pila. “Porque si te roban el teléfono, no pueden llamar a tu vieja o a tu viejo para decirles que te tienen secuestrado...”, explican. Chicos de 12 ó 13 años ya piensan naturalmente en estas cosas.
“Mi hijo no atiende su celular cuando va por la calle. Le da miedo sacarlo del bolsillo de la campera...”, cuenta un padre que, sin embargo, nunca le dio esa instrucción ni le sugirió esa precaución. Solos, los chicos se hacen precavidos y temerosos; desarrollan un “instinto del miedo”; se reconocen todo el tiempo como víctimas potenciales. Los especialistas notan este fenómeno y dicen que atraviesa distintas franjas sociales. Los padres, por supuesto, refuerzan esa actitud precavida: “Si te asaltan, entregá todo; nunca te resistas”. Es una consigna que se repite en todos los hogares.
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