Con un llamado a combatir la corrupción y la pobreza, a “refundar la educación” y “cerrar las heridas del pasado”, el arzobispo platense, Héctor Aguer, presidió ayer el tradicional Tedéum por el 25 de Mayo en la Catedral de nuestra ciudad.
Participaron de la celebración el vicegobernador de la Provincia, Daniel Salvador; el ministro de la Suprema Corte bonaerense Eduardo Pettiggiani, y el intendente platense Julio Garro, entre otras autoridades civiles, militares y eclesiásticas.
En su homilía, al comentar la advertencia de San Pablo sobre los peligros de las riquezas mal habidas y la corrupción, el Arzobispo sostuvo que “en el imperio romano existía la corrupción; puesto que era inmenso, quizá no se notaba tanto como en la Argentina de los últimos años, donde esa vergüenza finalmente inocultable contrasta con la pobreza multiplicada y extendida de tantos compatriotas. Necesitamos un país rico para que no haya gente hundida en la miseria, para que no haya pobres, o para que haya los menos posible”, señaló el religioso.
El Arzobispo también se refirió a la necesidad de refundar la educación; de generar empleo genuino y no endeudarse porque sí; y de cerrar definitivamente las heridas de la década del setenta con “paz, olvido, borrón y cuenta nueva”.
Además Aguer advirtió que “hoy se habla de hacer una revolución educativa” cuando en realidad hay que “refundar la educación argentina”. En esa línea indicó que “los chicos que terminan la escuela primaria de la gestión estatal no saben leer ni escribir correctamente”.
Sobre la necesidad de generar empleo genuino y no vivir endeudados, sostuvo que “no es un ideal deseable vivir pagando y morir debiendo”. También se preguntó “¿por qué los argentinos no traen espontáneamente el dinero que tienen depositado en el exterior?.
En otro segmento se refirió al “empleo estatal improductivo, innecesario, disimulaba la falta de trabajo genuino y el estancamiento de un país lanzado al consumo insensato financiado por el fisco”.
Acerca de la necesidad de la reconciliación nacional, dijo que “se habla de una ‘política de memoria, verdad y justicia’. ¿No se llama así, pomposamente, al rencor y a la venganza? La memoria argentina ha sido más bien desmemoriada, o hemipléjica”.
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