Por EDUARDO TUCCI
OPINION
La semana dominada por los enfrentamientos y las amenazas en la AFA terminó con una frustrada reunión entre Mauricio Macri y Hugo Moyano, que si bien no se vieron las caras el sábado podrían encontrarse en un futuro cercano para hablar sobre la situación política que vive el fútbol argentino.
Más allá de que allegados a ambos protagonistas confirmaron que hubo charlas previas durante las que se había planificado el cónclave, desde la Casa Rosada negaron rotundamente tal posibilidad.
No obstante, cerca del gremialista no dieron por caída definitivamente la chance de encontrarse con el presidente de la Nación y adujeron que “un problema de agenda” fue el que impidió el encuentro.
El fallido encuentro estaba sujeto a dos condiciones: que no participara Daniel Angelici y que no tomara estado público.
Una reunión de tal envergadura habla a las claras acerca del grado de dificultades que se plantean en torno a la normalización de la AFA.
Los días previos estuvieron dominados por los gritos de Hugo Moyano en el mismo escenario donde sólo se enojaba Julio Grondona acentuando los desencuentros entre los dirigentes que dominan la puja política en la AFA.
Con el mismo nivel de dureza que había expuesto ante sus pares en la reunión del Comité Ejecutivo el líder sindical se dirigió a los periodistas para ilustrar acerca de una grieta cada vez más grande entre los bandos que pelean por el poder.
“¡Basta de apretadas!, si intervienen, se para el fútbol”, amenazó el presidente de Independiente para responder a la resolución de la jueza Servini de Cubría que dejó una puerta abierta a la intervención de la Casa mayor del fútbol.
Antes de las amenazas de Moyano el que había dejado abruptamente la sala de reuniones del Comité Ejecutivo fue Daniel Angelici marcando una escenografía dominada por los desacuerdos.
Pese a que en los días previos algunos encuentros entre los máximos referentes dejaron abierta la posibilidad de entendimientos, nada de ello se vio reflejado cuando todos estuvieron frente a frente. Es que las posiciones siguen siendo absolutamente inflexibles entre los que quieren convocar a una Asamblea para aprobar la Superliga antes de las elecciones y quienes pretenden que el nuevo formato se discuta el 30 de junio, o sea el día que se llevarán a cabo las elecciones para elegir al sucesor de Grondona.
Mientras los tiempos para encontrar soluciones se acortan, está previsto que el lunes Moyano presente sus 12 avales como candidato a presidente de la Casa mayor del fútbol, y que su postulación se oficialice el martes, en la habitual reunión de Comité Ejecutivo. Pocos días atrás, Tapia hizo oficial su postulación, con 24 avales que lo respaldaron.
Más allá de las derivaciones que han tenido las decisiones de Servini de Cubría, que originaron la ira de Moyano, todo indica que si bien es técnicamente posible, la intervención no se efectivizará
En el último encuentro del Comité Ejecutivo abundaron los cruces violentos y el clima de tensión fue en aumento hasta que se leyó la resolución de Servini de Cubría ordenando oficiar a la Secretaría General de la presidencia para que, a través de la inspección General de Justicia, “realice lo que estime correspondiente”.
En ese momento explotó Moyano: “La intervención es peligrosa. Si eso pasa, entonces se para la actividad”. Y recordó que “La FIFA ya avisó que no la permitirá”.
El dirigente sindical sabe que junto a su yerno, Claudio “Chiqui” Tapia tienen más votos que la oposición y no se quiere dejar arrollar: “Queremos respetar los plazos acordados”, volvió a decir respecto a la necesidad de no apurar el lanzamiento de la famosa Superliga.
A todo esto, mientras el departamento de legales de la AFA prepara las medidas necesarias para salir al cruce de la intervención de la inspección General de Justicia, las últimas movidas registradas en los pasillos de la Casa mayor del fútbol confirmaron que Moyano y Tapia aspiran a ocupar el sillón principal mientras que Marcelo Tinelli sigue recogiendo apoyos para ponerse al frente de la Superliga.
Todo esto en medio de idas y vueltas que modifican el panorama a cada momento sin dejar entrever una solución a corto plazo.
Más allá de las derivaciones que han tenido las decisiones de Servini de Cubría, que originaron la ira de Moyano, todo indica que si bien es técnicamente posible, la intervención no se efectivizará.
No hay que olvidar las sanciones de la FIFA a la que quedaría expuesta AFA afectando incluso la participación de la Selección y de los clubes en competencias internacionales. Es más, hasta podría decidir la desafiliación.
A todo esto la disputa en el fútbol sigue abierta. En medio de las amenazas cruzadas, infinitas versiones y la frustrada reunión del presidente Macri con Moyano en los hechos, por ahora, el clima de incertidumbre domina el escenario.
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