Félix Garzo, el catalán que allá por 1922 escribió la letra del tango “Fumando espero”, difícilmente haya podido imaginar el oscuro futuro que le esperaba a aquel “sensual placer”.
Vituperado -con justa causa- condenado a ámbitos cada vez más restringidos, el cigarrillo viene perdiendo rápidamente la batalla de la popularidad, ayudado esta vez por un aumento de entre 40% y 50% en su precio de venta al público.
Ocurre, por estos días, lo habitual en estos casos: cientos de miles de empedernidos fumadores se juramentan que “ahora, si. Ahora dejo para siempre...”.
Son días, entonces, para ir con cuidados en las relaciones familiares y laborales. Es probable que el nerviosismo de los que luchan por abandonar el tabaco trepe mucho más allá del 50% del precio del atado.
Pero, eso si, si usted está del lado de los políticamente correctos -es decir, no fumador- tienda una mano solidaria hacia el que intenta abandonar el “lado oscuro”.
A la larga, se lo van a agradecer, con un poco más de salud... y también con un poco más de efectivo en el bolsillo.
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