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Lo que no pudo evitar

Lo que no pudo evitar

Por Redacción

Por EZEQUIEL FERNANDEZ MOORES

Dirigido por técnicos como el Coco Basile y Carlos Bilardo, imposible pedirle a Diego Simeone que no crea en las cábalas. Buscó cambiar casi todo lo que había hecho en la preparación para la final de Lisboa que su Atlético de Madrid perdió en 2014 contra Real Madrid. No se entrenó, como era habitual, en Los Angeles de San Rafael en Segovia, sino en La Ciudad del Fútbol de Las Rozas. Viajó el jueves y no el viernes a Milán. Y, amo y señor del club, hasta pidió a la UEFA, sin éxito, que le permitieran jugar con camiseta azul y no con los tradicionales colores rojiblancos (históricos, sí, pero también sinónimo de derrota en Lisboa). Lo que Simeone no pudo evitar fue que a los 15 minutos de iniciada la final del sábado en San Siro volviera a marcarle un gol Sergio Ramos. El capitán llevaba diecisiete partidos de Champions sin marcar. Su último gol había sido, justamente dos años atrás. El del agónico empate en el descuento de Lisboa. El gol que abrió pase al alargue y a la goleada final de Real Madrid 4-1 en el tiempo extra.

Ramos acaba de anotar y el diario catalán Sport escribe en su crónica online que “la final ya tiene su primer escándalo. El gol debió ser anulado por fuera de juego”. Hasta el Marca, madrileño cien por ciento, acepta que Ramos anota en offside. Leve, pero offside. Los foristas estallan burlándose con el apodo que le ponen a Florentino Pérez, el millonario y todopoderoso presidente de Real Madrid: “Fraudetimo” Pérez. Recuerdan que el Atlético, para llegar a la final, debió eliminar a rivales que sumaban 23 copas de Europa. Y que el Madrid, en cambio, llegaba a la final sin haber enfrentado en todo el torneo a ningún vencedor de copa europea. Algo así no sucedía desde hacía treinta años. “Los sorteos –ironiza un forista- fueron muy benevolentes con el Real Madrid”. Unos días antes, Florentino había sido burlado en redes sociales porque el Marca había despedido a Santiago Segurola, acaso el mejor periodista escrito de habla hispana de las últimas décadas. “Me preocupa –dijo el propio Segurola al anunciar su despido- la definición que he leído diciendo que se lo que se hace es entretenimiento, espectáculo. ¿Eso qué tiene que ver con el periodismo?”. Segurola, claro, era un crítico habitual de Florentino. Casi el único en Marca. “Florentino –me dice un colega desde Madrid- es un intocable”. La TV del sábado lo muestra feliz en el Giuseppe Meazza. Florentino, ya triunfador, tiene a su izquierda a Mariano Rajoy, premier de España. A su derecha, Felipe, el rey.

Retrocedemos unos minutos. Real Madrid se salva del penal que marra Antoine Griezmann. Puede liquidar al Atlético de contragolpe. Pero falla tres claras ocasiones en una misma jugada. Y al minuto siguiente, a los 79’, llega el empate de Yannick Ferreira Carrasco. El belga hace famosa a su novia, Noemie Happart, una ex Miss Bélgica 2013 que concursó a Miss Mundo. Mucho más bella, claro, que Juanfrán, el lateral derecho que le sirve la asistencia, el único, pobre, que falla luego en la definición por penales, porque Carrasco no quiso tirar. Juanfrán es el que toma menos carrera. Le pega algo forzado, con poca trayectoria. La pelota se estrella en el poste. El arquero costarricense Keylor Navas se arrodilla con sus brazos al cielo, evangélico él, lector diario de la Biblia. Los jugadores están agotados. Pablito Aimar, acierto en la trasmisión de ESPN, dice en el alargue: “hay más jugadores elongando que corriendo”. Pero todos tiran bien los penales, con serenidad sorprendente. “Se tomaron un valium”, vuelve a ironizar Aimar. El arquero esloveno Jan Oblak, eso sí, parece sufrir un problema de motricidad en su pierna derecha. Le tiran siempre ahí y sigue estático. Gareth Bale tira el suyo casi renqueando. El último queda para Cristiano Ronaldo. Igual que en Lisboa 2014, el portugués había jugado un partido opaco. Parece fusilado. Pero acierta el penal decisivo. Y otra vez, como en Lisboa 2014, queda como héroe final. Posible Balón de Oro. Simula modestia cuando la periodista de TV le dice que es “el mejor del mundo”. Y pide la continuidad de Zinedine Zidane. Unos minutos antes de los penales, cuando todo es tensión, el DT le hace una broma. Lo hace reír. ¿Lo hace ganar?

El Atlético es superior en el segundo tiempo y empata con justicia. Pero, cuando parece que puede arrollar al Madrid, termina el alargue refugiado en su propia área, implorando el final.

Leo Messi, toda una ironía, aparece en plena trasmisión en algunas publicidades de TV comiendo papafritas. Se lastimó jugando con Argentina en San Juan. Tiene que declarar ante la justicia española por sus problemas con el fisco. También está lastimado Luis Suárez. Neymar está tentado por varios clubes. Dani Alves tiene un pie en la Juventus. ¿También Javier Mascherano? Barcelona repitió doblete: Liga y Copa del Rey. Ganó seis de las últimas ocho Ligas del país que, por segunda vez en tres años, clasifica a los dos finalistas madrileños de la Champions. Al país que tiene también al tricampeón de la Liga de Europa (Sevilla). Y es el equipo que juega acaso el fútbol más estético y de posesión y protagonismo, lo opuesto del Atlético de Simeone, amante de la destrucción y del contragolpe. Sin embargo, toda Barcelona, como había avisado días atrás el diario Sport, se declaró para el sábado “Cholista por un día”. No debía ganar el Madrid de Florentino. El Madrid de Cristiano.

El Atlético es superior en el segundo tiempo y empata con justicia. Pero, cuando parece que puede arrollar al Madrid, termina el alargue refugiado en su propia área, implorando el final. “Cuando todos están cansados –me avisa un especialista- juega mejor él más técnico”. Tiene razón. El Atlético, además de favorito de los catalanes (por un día, claro), era también el equipo de los que aman el fútbol porque, como sucede con pocos deportes, todavía permite el triunfo del más débil. Y era el equipo de muchos argentinos. Porque, ausente Messi, el Cholo era el gran protagonista argentino de la final. Augusto Fernández apenas jugó en el primer tiempo. Y Angel Correa, Luciano Vietto y Matías Kranevitter no salieron del banco. Simeone, seguramente dolido por el golpe de la doble derrota, y por su concepción de que “sólo sirve ganar”, pone en duda en la conferencia su continuidad en el Atlético. Para los “colchoneros”, su eventual partida puede ser acaso más duro que la derrota misma. No se irá. Atlético de Madrid avisó ayer que le tiene listo 150 millones de euros para comprar refuerzos.

En la definición por penales, la TV muestra a señores con túnica y turbante en el palco VIP. Probables CEOs de Fly Emirates, la aerolínea de Dubai que pone su nombre a la camiseta de Real Madrid, en competencia con su vecino petrolero de Qatar, que era amigo de Barcelona. El Atlético tiene como accionista Wang Jianlin, el hombre más rico de China, con una fortuna Forbes de casi 43.000 millones de dólares. La final se juega en el Giuseppe Meazza, de Milán. El estadio que usan el Inter, que tiene como dueño al indonesio Erick Thohir. Y el Milan, cuya mitad pertenece al tailandés Bee Teachaubol y la otra mitad iría para otro asiático, porque Silvio Berlusconi, después de treinta años, anuncia su retiro. Me avisa un colega desde Estados Unidos. “El comentarista compara en la previa a los mejores de cada equipo con X-Men. El filme es distribuído por 20th Century Fox. La final es trasmitida por Fox”. Cómo no entender a Segurola. Otro amigo me manda desde Madrid una foto del Paseo de la Castellana, vacía como el Sahara a la hora del partido. Otro, en pleno vuelo de Iberia, me cuenta que el comandante va informando a los pasajeros cómo va el marcador. Termina el partido. Busco la portada del diario catalán Sport: “¡¡¡¡Qué injusticia!!!!”. La TV muestra la conferencia de Zidane. El francés, feliz, sigue sonriendo.

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