“Vamos a discutir a fondo la idea de que hay una crisis. Eso no es cierto”. La frase pertenece a un importante funcionario del Gobierno y fue pronunciada en su despacho de la Casa Rosada, luego de que el presidente Mauricio Macri invitara a un sector de la oposición a no sumarse como furgón de cola a los proyectos kirchneristas para declarar la “emergencia laboral”.
En esa idea-fuerza que desplegó el influyente miembro del gabinete macrista se basa todo el razonamiento del Ejecutivo para rechazar que haya aumentado el desempleo durante los cinco meses que lleva Cambiemos al comando de la gestión nacional. Por ende, no hace falta una ley que proteja a los trabajadores de eventuales despidos ni tampoco presionar a los empresarios.
De hecho, de acuerdo al ministro consultado por EL DIA, el Gobierno debe evitar que la Argentina sea considerada como “un país anti-empresario”, porque así se espantaría a los capitales que se necesitan para reactivar la economía. “Vamos llevando el barco en una dirección racional”, completó el funcionario cuyo despacho da a la Plaza Colón.
RECETA VIEJA
En esa dirección, la ley antidespidos no es considerada como un aporte sino como “una receta vieja” que no contribuirá a mejorar la situación de los trabajadores. Incluso, el funcionario deslizó que en privado los propios sindicalistas admitieron ante el gobierno que la “doble indemnización” no alentará el despegue de la economía. Macri piensa exactamente igual.
Por eso salió personalmente a enfrentar a la prensa ayer tras la reunión de gabinete, en la que el problema irresuelto de la inflación volvió a ser uno de los temas candentes. Según los números que maneja la gestión macrista, en abril la inflación estuvo en el orden del 6,7 por ciento, aunque más del 4,5 por ciento se explica solamente por el efecto del alza tarifaria.
Para este mes, en tanto, las proyecciones oficiales indican que la inflación estará a la baja, en el orden del 5 por ciento, discriminado en el 3% por los precios y otro 2% por el arrastre del nuevo cuadro tarifario. Los pronósticos de los economistas gubernamentales tienden a afirmar que ya en junio se notará una caída abrupta de la inflación y que se consolidará desde julio.
El ministro consultado por este diario en la Casa Rosada estimó que a fin de 2016, la inflación estará en el orden del 25% anual a nivel nacional y que trepará por lo menos al 32% en el área metropolitana -capital y el Gran Buenos Aires-, que es donde se sentirá con fuerza el “sinceramiento” de la economía, como prefiere llamarle el Gobierno al retiro de subsidios.
Con la misma lógica no intervencionista que aplica al mercado laboral, la administración macrista tampoco cree que sean beneficiosos los controles de precios y el seguimiento a las empresas, una política que aplicó con mano de hierro el gobierno anterior. En cambio, sostiene que la inflación debe ser controlada y bajada con política monetaria y fiscal.
“Estamos convencidos que es un tema que tiene que resolver el Banco Central”, dijo el ministro y aseguró que los países de la región tampoco aplican controles de precios. Entre ellos, mencionó a Chile, Uruguay y Bolivia como ejemplos de que la economía puede encaminarse con otros parámetros, sin apelar a las políticas de “micro-controles”.
Entre los aumentos que se vienen sucediendo, uno de los que más impacto tiene en la economía y en el ánimo popular es el de la nafta. El funcionario aseguró que, pese a que el ministro de Energía, Juan José Aranguren, “no fue muy didáctico” al explicarlo, se busca “cuidar empleos en el sur del país”, donde se asienta buena parte de la actividad petrolera.
En definitiva, el Gobierno está convencido de que va por el camino correcto. Y que no hay una crisis económica ni de empleo. Por eso, no convocará a los referentes de la oposición para negociar por la ley antidespidos, ya que estima que ese debate debe darse solamente en el Congreso. El llamamiento que le hizo Macri a Massa quedó sólo en el plano de la declaración.
“Acá hay algunos sectores que están actuando solamente en base a un cálculo político”, advirtió el ministro. Y se levantó de su sillón para dar por terminada la conversación. De fondo, en un despacho refaccionado, estaba colgado un cuadro con la foto de Macri portando la banda presidencial. La imagen denotaba una autoridad que el Gobierno aún intenta construir.
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