“La ventaja es que entre nosotros nos vemos y nos cuidamos, estando atentos”, explicaron Agustín y María Laura, encargados de una óptica que funciona en la entrada de una galería de 47, 7 y 8. Este comercio está, además, a pasos del local de comidas rápidas y de la joyería por donde pasaron los boqueteros. O sea, que están en el ojo de la tormenta. De hecho, ningún vocero policial se anima a descartar que la banda haya caminado por los techos de esa galería, aunque sólo para seguir de largo.
Agustín sostuvo que lo que los “salva” por el momento es la exposición que su negocio tiene desde afuera, que haría más simple para la policía o un testigo común detectar un posible robo.
Sin embargo, un boquete abierto en la pared no parecería ser una de las variantes de la inseguridad que ven como posibles padecer. Aunque Agustín se atajó: “Estamos atentos a que no pase nada acá o en la galería”.
“de noche, nada”
Vicente es desde hace años mozo en un bar de 8 y 47. En todo el tiempo que lleva trabajando ahí, fue testigo de distintas situaciones de inseguridad.
“En general pasaba que se llevaban de arrebato algún celular, pero no más que eso. Y de noche, nunca nada”, sintetizó el hombre, en diálogo con este medio.
Parecidas fueron las declaraciones de una empleada de un local de ropa deportiva, que refirió que por estos meses “no se ve una situación de inseguridad” que los alerte. Aunque prefirieron no hablar, los damnificados por los boquetes tendrían diagnósticos bien diferentes.
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