Ruido de autos y bocinazos, tránsito constante y un montón de gente caminando. El paisaje que se ve cualquier día hábil en 47 entre 7 y 8 suele volverse un terreno fértil para los ladrones que hacen del descuido y del tumulto los factores de los que apoyarse para actuar y correr.
En ese contexto, el arrebato de celulares y carteras se presentaba, al menos hasta 2015, como la modalidad más frecuente. Algo de esa tendencia se frenó, según dijeron varios comenciantes, con la llegada de los caminantes de la policía Local.
El escenario de movimiento y desorden contrasta en absoluto con el que se puede ver pasadas las 21 o 22. “De noche, casi no queda nadie”, sostuvo Marta, la empleada de un local de ropa femenina de esa cuadra.
Ella tiene cinco robos en sus espaldas, algunos violentos y en los que la dejaron encerrada. Sobre el tema de los boquetes, remarcó que “la alarma es la única manera de pararlos”. En ese local, distante a pocos metros de la farmacia afectada, cuentan con ese mismo sistema de prevención. Por ahora, no les intentaron entrar de madrugada.
Que de noche el microcentro sea un terreno desértico es algo que los detectives consideran como “factor necesario” para se cometa la clase de robos que investigan. El otro elemento decisivo fue la audacia.
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