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Desde el Jardín

Por Redacción

Afincado en su barrio natal, con disco nuevo (el EP “Violencia”) bajo el brazo, Santiago Barrionuevo conquista escenarios de ultramar al frente de El Mató. Pasiones, fetiches, impulsos y entretelones de la banda que marca desde hace una década el pulso de la escena local

En octubre de 2006, la edición del disco "Un millón de euros" marcó el inicio de la edad de oro de El Mató a un Policía Motorizado y su romance con pequeñas multitudes incondicionales. Diez temporadas después, las tramas elásticas y adhesivas de feedback y post-punk melódico que tejen desde sus guitarras Manuel Sánchez Viamonte y Gustavo Monsalvo, el motorik criollo del baterista Guillermo Ruiz Díaz, las estocadas new wave que asesta Agustín Spassoff con sus teclados, siguen emergiendo con autoridad del magma indie como pilares ideales para el peculiar carisma vocal de Santiago "Chango" Barrionuevo, su tenor agreste y ligeramente narcotizado que dialoga con la paciencia y la urgencia, sus excursiones en portamento hacia la cima del pentagrama.

Entre iluminaciones empáticas que cristalizan -con humor y nostalgia- turbulencias adolescentes ("Más o menos bien"), esbozos progresivos ("Noche de los muertos", "El fuego que hemos construido") y catarsis guitarreras, su repertorio es además fértil en estribillos, esas piedras filosofales tan antiguas como el pop. Ahí están para corroborarlo canciones como "Chica de oro", "El último sereno", "Amigo piedra", "Tormenta roja", "Navidad en Los Santos". El Chango habló con el Joven repasando "Violencia", su lanzamiento más reciente, revisando estos diez años en los que no se pudo hablar de "rock platense" sin mencionar a El Mató, y adelantando sus próximos movimientos.

-¿Qué papel juega "Violencia" en la discografía de El Mató?

"Violencia" no está pensado como secuela ni como adelanto, a diferencia de los simples previos a "La Dinastía Scorpio". La idea era reivindicar la figura del viejo single, estuve medio flasheando con eso; de viaje, buscando en disquerías un álbum de Joy Division en el que estuviera el hit, "Love will tear us apart", me enteré de que no pertenecía a ninguno, y me copó la idea. Nos gusta como fetiche y como coleccionistas de música, esa cosa de abarcar el universo de los formatos en que se edita.

-¿Cómo es lo que viene?

Tenemos una veintena de nuevas canciones en proceso de preproducción; armamos una sala en mi casa, era algo con lo que teníamos una deuda. Siempre pienso en qué caminos tomar, hay cosas que me gustaría hacer como siempre las soñamos, y después del inicio como banda, cuando hicimos una música que era un camino de unión respecto de nuestros gustos musicales, uno va ampliando el espectro y fantasea en cómo tomar diferentes caminos, que son infinitos. Pero esa idea la tenemos que compartir entre los cinco, y cuando uno busca ese lugar común es difícil generar cambios radicales. De hecho, en general son las discografías solistas las que tienen esas diferencias más marcadas, porque el proceso de toma de decisiones está concentrado en uno. Yo me copo muy fácil con todo, soy muy enamorado de la música en todas sus formas, y no tengo problemas en ceder en ese sentido. Pero sí, me enrosco con lo de variar, no como un deber que tengamos para con nuestro arte sino porque nos divierte.

-Entonces hay elementos nuevos...

Para 'La Dinastía' trabajamos por primera vez en un estudio grande: hay más profundidad en los graves, más apertura en la batería...  Para "Violencia" decidimos hacerlo aún más ajustado, más limpio, retomar la forma de nuestras canciones viejas pero con más pop o más kraut en lo estético, que no haya tanta sobrecarga de instrumentos. Ojo, el low-fi también tiene su gracia, una cosa empastada que a mí me gusta; pero las nuevas canciones están en general en una química más de laboratorio.

-Manteniendo a la vez cierto grado de espontaneidad "indie".

Sí, yo siempre trato de reivindicar ese lugar del punk, de esa cosa primal del rock más básico, y que desde eso se llega a lugares tan hermosos como complejos... Ahora, uno lo abordó, se inspiró porque dijo 'yo puedo hacer una banda así', como Embajada Boliviana, pero cuando uno explota esa temática al máximo, en algún momento necesita ir a buscar otros lugares. Es el impulso de preguntarse hasta dónde se puede llegar... Después de todo, yo soy tan fanático de los Ramones como de Queen, unos me dieron ese inicio pero me volvería loco con hacer una canción tipo "Rapsodia bohemia", sería un sueño, falta (risas), pero...

¿Sos de revisitar tus viejos discos, de escuchar música en general? 

-No suelo escucharlos mucho luego de la mezcla final... Cada tanto, en situaciones extrañas, alguien los pone, y uno se encuentra con una sensación rara; si es en una reunión yo odio que este ahí mi voz sonando, me parece una pesadilla... Pero en otras situaciones, con uno ya acostumbrado a las versiones en vivo que van mutando, ese registro original te hace llevarte sorpresas que están buenas. Sí escucho mucha música todo el tiempo, me copa, en 2015 escuché mucho Alvvays y Wavves, indie guitarrero pop; me tocó una fibra noventosa nostálgica... Son canciones muy redondas. Y últimamente estuve con el segundo de XX, tiene una producción impecable, los silencios, las entradas y salidas de los instrumentos... De acá me copa mucho Limbo Junior, buenas canciones y letras.

-Hablando de bandas nuevas, ¿sos consciente de que marcan tendencia para muchas que recién arrancan?

Está buenísimo cuando alguien dice que se inspira en nosotros. Nunca lo creo de entrada cuando me lo sugieren, en realidad recién lo hago cuando alguien lo dice explícitamente. A mí me ha pasado y es una sensación única; una cosa es admirar a un artista, como yo a Queen, por ejemplo, con toda su complejidad y esa cosa grandiosa, y otra cosa es cuando escuchás algo o alguien más cercano que te inspira a hacer algo, a dibujar, escribir un poema, hacer música, que te genera una empatía directa y te hace pensar que también lo podés hacer. A partir de entender esas cosas, de poder ver belleza en esas cosas hechas de manera urgente, siento una empatía directa con esa frescura que sale de los primeros pasos de algunos artistas. Y quizás El Mató también transmita eso, que es medio mágico.

A nosotros, por ejemplo, nos pegó mucho el sonido de las bandas de garage y punk de acá. De chicos nos volvimos locos con Embajada Boliviana, los Ramones, una cosa que la emparentamos después con el indie-rock de fines de los noventa. Esa urgencia low-fi nos gustaba, nos enamoraba, más allá de las canciones que al fin y al cabo son lo que te llega, ese clima de suciedad nos copaba. Te generaba una especie de identificación directa porque decías 'bueno, voy a grabar en mi grabador y va a quedar low-fi como mis artistas favoritos'. Entonces hay como una cosa de algo inmediato que te lleva a decir 'yo también puedo hacer esto', y después está la elección estética puntual de esa suciedad que te puede gustar o no.

-En esa elección también juega su papel la calidad de medios que haya a mano para expresarse. Para algunos es incómodo decir que les hubiera gustado sonar mejor, por una cuestión de códigos, de no aparecer como renegando de los orígenes.

Obviamente, la disponibilidad de medios para grabar también juega; por ejemplo, hay bandas como Guided By Voices en las que uno cuando conoce la historia ve que realmente no tenían recursos, y después te dicen 'nos hubiera gustado grabar con mejores herramientas, pero teníamos eso'... Y eso les aportó una personalidad. Hoy por hoy, estoy más en la onda de como grabamos "Violencia", componiendo en ese sentido, y cuando escucho los discos viejos me digo 'qué bueno hubiese sido grabarlo ahora', pero es lo que pienso ahora y sinceramente en el momento no lo pensaba. Yo no reniego de eso, no siempre, mejor dicho; las letras del primer disco, la verdad, son las que menos me gustan, y me siento más cómodo con lo que hice después. Pero no reniego, estuvo bien en ese momento.

-¿Sentís alguna responsabilidad respecto de la gente, de entregarle lo que sabés que está acostumbrada a escuchar de la banda?

-Si pensás en qué es lo que la gente quiere escuchar estás liquidado, pero también uno sabe que tiene lugares que le gustan, que por ahí ya los usó, y por otro lado hay lugares que nunca abordó y que estaría bueno hacerlo. Supongo que un poco el juego del arte tiene que ver con eso: la primera vez que uno agarró una guitarra y tenía que ver qué pasaba con eso era también un lugar de dificultad, y creo que el artista tiene que ir un poco a contracorriente de sus facilidades.

-¿Entre esos lugares que te interesa abordar está grabar canciones en formato solista?

Sí, me gustaría grabar un grupo de canciones que hago solo, que ya se publicaron en Youtube... sin mi consentimiento; todo bien, se generaron cosas buenísimas a partir de eso, pero eran cosas que grabé en mi casa con guitarra y voz para tener lo básico, y se las pasaba a amigos para que hicieran una devolución. Se ve que alguien las recopiló; no es la forma en que me hubiera gustado que se escucharan, pensaba grabarlas con una banda y en otro formato, lo que voy a hacer apenas tenga algún tiempo libre.

Hay algunas cosas que por ahí las descarto para El Mató sobre todo por las letras, no por lo musical. En las letras somos muy personales, tenemos por ahí un humor muy propio y cuando escribo para la banda trato de que la letra nos identifique a todos; ésa es la primera premisa que tengo como para separar las canciones. Después hay algunas que muestro y no gustan tanto pero a mí sí, y me las guardo; además, en un principio era como que las canciones en solitario eran más tranquilas, yo solo con la guitarra, se separaban un poco de la banda. De todos modos, eso ahora lo estamos abriendo, puede haber canciones en El Mató que sean sólo una guitarra con una voz.

-Tocan mucho afuera: EEUU, Europa, Latinoamérica... ¿Es todo asombro o hay decepciones?

Nosotros viajamos sin ninguna expectativa, sabiendo que vamos a un lugar incierto, donde nunca nos editaron. Y todo es sorpresa, y por suerte son gratas: conocen la banda, cantan... Para mí es increíble, eso yo no lo puedo explicar; la emoción a veces es tan grande que no entra en la cabeza. El año pasado nos programaron para cerrar un festival en Costa Rica, lo que nos puso muy nerviosos porque no nos parecía una buena idea (risas). La sala estuvo llena, la gente nos agradecía... Nosotros pensábamos '¡paren, que los agradecidos somos nosotros!'

EL VERBO POP

-Las letras de El Mató tienen algunas particularidades: la brevedad, las alusiones místicas, ¿a qué las atribuís?

No es algo tan intencional, pero pensándolo, diría que la brevedad sale del punk; en algunas canciones, como "Chica rutera", que tiene la letra más corta, fue la música la que pedía eso, con una cuestión repetitiva que sugería algo cíclico. Otras veces, cuando busco una frase a partir de una idea, sale algo y siento que con eso ya está. Me gusta esa cosa de rodear una idea sin nombrarla de forma literal.

-Zombies, películas clase B, apocalipsis, a partir de "La Dinastía Scorpio" se corrieron un poco de esos temas recurrentes...

En "La Dinastía" hay algo más introspectivo, mas personal, tenía ganas de hablar de eso en ese momento. Lo de los zombies nace de la mano de la trilogía de EPs, en el que el último era la muerte. Aparecen mezclados con la literatura religiosa, la mitología maya, en un juego de sintetizar eso con un lenguaje pop y con nuestro universo... Al hablar de Dios, la misma palabra tiene un peso en sí.

-También tiene que ver con un lenguaje que es parte de tu formación.

Seguro, mi mamá era muy religiosa, mi papá también, de chiquito me mandaban a misa en el barrio y yo lo odiaba; me acuerdo el día en que les dije que no quería ir más, fue un bajón (risas). Más allá de eso, me interesa esa carga que tiene la historia de Jesús, cómo se dan las misas... El peso de esas historias crudas tiene una carga poética muy fuerte, entonces en su momento me copó un poco retomar esas ideas.

-Hablando de mística, ¿cómo ves a tu club con nuevo técnico?¿Volviste a las canchas como jugador?

Me dolió la ida de Troglio, estoy en una cadena de whatsapp de hinchas de Gimnasia, amigos, y ando peleando por eso, qué va a ser. A jugar volví hace poco, porque se me cortó el tendón de Aquiles y me operaron. Tenía un dolor y no le di bola... igual fue culpa de Manu, nuestro guitarrista. Me tiró un pase como si yo fuese Dani Alves (risas) y para no hacerlo quedar mal la fui a buscar. Eché un pique y ahí 'pac'. Ahora juego, pero tranqui.

-¿Uno a cero o cuatro a tres?

Prefiero el cuatro a tres, aunque yo no soy un lírico me gusta que existan los líricos románticos, esos personajes del fútbol que son un delirio... Pero me gustan los personajes de todo tipo: aparece un Guardiola, y surge un Cholo Simeone para contraponerse, como que se responden uno al otro, y eso esta buenísimo. Me encanta Simeone porque me parece que hace magia con lo que tiene, pero me gusta que predomine el fútbol de Guardiola sobre todo porque cortó con una época de la Champions en que tenían mucha relevancia los equipos italianos y era todo uno a uno, cero a cero, un embole.

-Y llevándolo a la música, ¿a los líricos los querés para imitarlos o para contraponerte?

Es raro, porque el fútbol es competencia y la música no... pero digamos que los rústicos fueron los que me motivaron a arrancar con esto.

ROMANCE DE BARRIO

-Casi todos los músicos que trascendieron desde La Plata se mudaron a Buenos Aires...

Es cierto, allá siempre me lo recuerdan. Yo sigo en Barrio Jardín; me mudé a tres cuadras de la casa de mis viejos, y armamos la sala. Me gusta, me siento cómodo; viajamos un montón, y está bárbaro, pero tengo un ancla. Ahí están mis amigos de la infancia, que ahora son mis vecinos. Tengo el recuerdo de ir a jugar a la pelota a la esquina y estábamos los más chiquitos, de primaria, y otras dos camadas más grandes, entre ellos mis hermanos mayores, que me llevan como diez años; era salir y que estuvieran todos en la calle. Viví con un poco de tristeza que eso fuera desapareciendo con los cambios de costumbres, pero hace poco vi que se empezó a dar de nuevo, vi a una vecina que estaba retando a unos pibes por una travesura, como cuando éramos chicos, y me alegré, fue como un renacer del barrio.

-Tenés varios hermanos mayores pero vos heredaste el apodo paterno... ¿Pensás que se exageró el carácter "de barrio" de El Mató?

Sí, me tocó a mí porque soy el más parecido físicamente a mi viejo, cuando era muy chico los amigos de la familia me empezaron a decir "Changuito", y quedó.  El barrio es parte de nuestras vidas, lo nombramos como podemos nombrar a nuestras novias, a nuestros padres, a las cosas que te marcan. Pero nunca hubo una cosa de levantar una bandera y decir 'nosotros somos de barrio, y tenemos aguante'; siempre me pareció muy tonto eso, nunca lo sentí. Me gusta Victoria Mil, y tiene un tema que dice 'me lo dijo la señora que limpia'; está bien, la poesía tiene que ver con lo que uno vive.

-¿Cómo notás la ciudad?

Ultimamente siento que está un poco abandonada, desde los semáforos que no andan nunca en esquinas importantes, hasta la obra pública, y así mil cosas; no hay una intención de activarla en sentido económico, social, artístico... Siempre se hace todo así nomás, medio de taquito a ver qué pasa, y que se resuelva solo.

-Si hubiera un apoyo oficial activo a la movida de bandas independientes, ¿en qué medida pensás que ayudaría? ¿Creés que puede contaminar o condicionar la cualidad  espontánea de la escena, que se podría "aburguesar"?

Esa es una discusión eterna, y que nunca termina de definirse, pero si tengo que elegir que haya ayuda del Estado o no, elijo que haya. Al menos en un sentido básico como puede ser que no cierren Pura Vida, por ejemplo. Eso ya es una ayuda, ni siquiera te pido que abras otros diez. Más allá de que por ahí no hay que compararse con Europa o Estados Unidos, el otro día vi la noticia de que, mientras acá cerraban Pura Vida, la alcaldía de Barcelona se propuso financiar a todos los lugares que tienen música en vivo para acustizarlos. Acá se identifica mucho lo "cultural" con hacer eventos, cada tanto viene Iván Noble, por decir algo, y ponen alguna banda de acá, pero ¿eso cuánto ayuda? Para mí, casi nada.

Lo que ayuda es no poner palos en la rueda a los centros culturales, y después ofrecerles alguna facilidad para mejorar la infraestructura. Pura Vida es el semillero, ok, pero llegó un punto donde llamabas y tenías fechas para dentro de ocho meses. Bárbaro, pero eso marca que con ese espacio solo no bastaba. Después, en las crisis seguro que sale una fibra que el verdadero enamorado del arte va a salir a pelearla más allá de todas las adversidades, y sale algo mágico que tiene esa fuerza, ese grito, pero hacer todo trucho en pos de eso es una ecuación que me parece un delirio. En el mundo ya no pesa tanto esa cuestión del lugar de rock como el sótano oculto vomitado, donde el atractivo era meterse en esa jungla, eso cambió un montón.

Entrevista y textos: Francisco Lagomarsino y Diego Dipierro

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