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Yendo del garage al laboratorio

Por Entrevista y textos FRANCISCO LAGOMARSINO Y DIEGO DIPIERRO

-¿Qué papel juega “Violencia” en la discografia de El Mató?

“Violencia” no está pensado como secuela ni como adelanto, a diferencia de los simples previos a “La Dinastía Scorpio”. La idea era reivindicar la figura del viejo single, estuve medio flasheando con eso; de viaje, buscando en disquerías un álbum de Joy Division en el que estuviera el hit, “Love will tear us apart”, me enteré de que no pertenecía a ninguno, y me copó la idea. Nos gusta como fetiche y como coleccionistas de música, esa cosa de abarcar el universo de los formatos en que se edita.

-¿Cómo es lo que viene?

Tenemos una veintena de nuevas canciones en proceso de preproducción; armamos una sala en mi casa, era algo con lo que teníamos una deuda. Siempre pienso en qué caminos tomar, hay cosas que me gustaría hacer como siempre las soñamos, y después del inicio como banda, cuando hicimos una música que era un camino de unión respecto de nuestros gustos musicales, uno va ampliando el espectro y fantasea en cómo tomar diferentes caminos, que son infinitos. Pero esa idea la tenemos que compartir entre los cinco, y cuando uno busca ese lugar común es difícil generar cambios radicales. De hecho, en general son las discografías solistas las que tienen esas diferencias más marcadas, porque el proceso de toma de decisiones está concentrado en uno. Yo me copo muy fácil con todo, soy muy enamorado de la música en todas sus formas, y no tengo problemas en ceder en ese sentido. Pero sí, me enrosco con lo de variar, no como un deber que tengamos para con nuestro arte sino porque nos divierte.

-Entonces hay elementos nuevos...

Para ‘La Dinastía’ trabajamos por primera vez en un estudio grande: hay más profundidad en los graves, más apertura en la batería... Para “Violencia” decidimos hacerlo aún más ajustado, más limpio, retomar la forma de nuestras canciones viejas pero con más pop o más kraut en lo estético, que no haya tanta sobrecarga de instrumentos. Ojo, el low-fi también tiene su gracia, una cosa empastada que a mí me gusta; pero las nuevas canciones están en general en una química más de laboratorio.

-Manteniendo a la vez cierto grado de espontaneidad “indie”...

Sí, yo siempre trato de reivindicar ese lugar del punk, de esa cosa primal del rock más básico, y que desde eso se llega a lugares tan hermosos como complejos... Ahora, uno lo abordó, se inspiró porque dijo ‘yo puedo hacer una banda así’, como Embajada Boliviana, que de chicos nos volvió locos, pero cuando uno explota esa temática al máximo, en algún momento necesita ir a buscar otros lugares. Es el impulso de preguntarse hasta dónde se puede llegar... Después de todo, yo soy tan fanático de los Ramones como de Queen, unos me dieron ese inicio pero me volvería loco con hacer una canción tipo “Rapsodia bohemia”, sería un sueño, falta (risas), pero...

Tocan mucho afuera: EEUU, Europa, Latinoamérica... ¿Es todo asombro o hay decepciones?

Nosotros viajamos sin ninguna expectativa, sabiendo que vamos a un lugar incierto, donde nunca nos editaron. Y todo es sorpresa, y por suerte son gratas: conocen la banda, cantan... Para mí es increíble, eso yo no lo puedo explicar; la emoción a veces es tan grande que no entra en la cabeza. El año pasado nos programaron para cerrar un festival en Costa Rica, lo que nos puso muy nerviosos porque no nos parecía una buena idea (risas). La sala estuvo llena, la gente nos agradecía... Nosotros pensábamos ‘¡paren, que los agradecidos somos nosotros!’

ROMANCE DE BARRIO

Casi todos los músicos que trascendieron desde La Plata se mudaron a Buenos Aires...

Es cierto, allá siempre me lo preguntan. Yo sigo en Barrio Jardín; me mudé a tres cuadras de la casa de mis viejos, y armamos la sala. Me gusta, me siento cómodo; viajamos un montón, y está bárbaro, pero tengo un ancla. Ahí están mis amigos de la infancia, que ahora son mis vecinos. Tengo el recuerdo de ir a jugar a la pelota a la esquina y estábamos los más chiquitos, de primaria, y otras dos camadas más grandes, entre ellos mis hermanos mayores; era salir y que estuvieran todos en la calle. Viví con un poco de tristeza que eso fuera desapareciendo con el cambio de costumbres, pero hace poco vi que se empezó a dar de nuevo, vi a una vecina que estaba retando a unos pibes por una travesura, como cuando éramos chicos, y me alegré, fue como un renacer del barrio.

Ultimamente siento que la ciudad está un poco abandonada, desde los semáforos que no andan hasta la obra pública; no hay una intención de activarla en sentido económico, social, artístico... Siempre se hace todo así nomas, medio de taquito a ver qué pasa, y que se resuelva solo. Por ejemplo, la clausura de Pura Vida; ni siquiera te pido que abras diez más para estimular la movida... pero al menos no cierres los espacios que ya existen.

EL VERBO POP

Las letras de El Mató tienen algunas particularidades: la brevedad, las alusiones místicas, ¿a qué las atribuís?

No es algo tan intencional, pero pensándolo, diría que la brevedad sale del punk; en algunas canciones, como “Chica rutera”, que tiene la letra más corta, fue la música la que pedía eso, con una cuestión repetitiva que sugería algo cíclico. Otras veces, cuando busco una frase a partir de una idea, sale algo y siento que con eso ya está. Me gusta esa cosa de rodear una idea sin nombrarla de forma literal.

Zombies, películas clase B, apocalipsis, a partir de “La Dinastía Scorpio” se corrieron un poco de esos temas recurrentes...

En “La Dinastía” hay algo más introspectivo, mas personal, tenía ganas de hablar de eso en ese momento. Lo de los zombies nace de la mano de la trilogía de EPs, en el que el último era la muerte. Aparecen mezclados con la literatura religiosa, la mitología maya, en un juego de sintetizar eso con un lenguaje pop y con nuestro universo... Al hablar de Dios, la misma palabra tiene un peso en sí.

También tiene que ver con un lenguaje que es parte de tu formación.

Seguro, mi mamá era muy religiosa, mi papá también, de chiquito me mandaban a misa en el barrio y yo lo odiaba; me acuerdo el día en que les dije que no quería ir más, fue un bajón (risas). Más allá de eso, me interesa esa carga que tiene la historia de Jesús, cómo se dan las misas... El peso de esas historias crudas tiene una carga poética muy fuerte, entonces en su momento me copó un poco retomar esas ideas.

Hablando de mística, ¿cómo ves a tu club con nuevo técnico?¿Volviste a las canchas como jugador?

Me dolió la ida de Troglio, estoy en una cadena de whatsapp de hinchas de Gimnasia, amigos, y ando peleando por eso, qué va a ser. A jugar volví hace poco, porque se me cortó el tendón de Aquiles y me operaron. Tenía un dolor y no le di bola... igual fue culpa de Manu, nuestro guitarrista. Me tiró un pase como si yo fuese Dani Alves (risas) y para no hacerlo quedar mal la fui a buscar. Eché un pique y ahí ‘pac’. Ahora juego, pero tranqui.

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