Carlos Bilardo podría ser el padre de Diego Simeone. Uno tiene 77 años, el otro 46. Si bien no tienen parentesco familiar, su ADN parece el mismo. Ninguno de los dos se esfuerza por ocultarlo o desmentirlo. Por decirlo de alguna manera, el Cholo parece el mejor alumno del Narigón, tal vez superando a Alejandro Sabella ya que por edad, lógicamente, tiene un mayor camino por recorrer.
Los dos fueron mediocampistas en sus épocas de futbolistas. Mientras que Bilardo triunfó en Estudiantes, Simeone lo hizo en la Selección y equipos europeos. Corriendo detrás de una pelota ganaron todo y mostraron una manera de sentir el fútbol muy similar.
Ya del otro lado de la línea de cal, el Doctor hizo una larga carrera, siempre con la bandera que le dejó en mano Osvaldo Zubeldía. Primero fue campeón en Argentina con Estudiantes. Y durante una década condujo a la Selección a dos finales del mundo. Ganó una, la última vez que nuestro fútbol conquistó un mundial.
Durante esos años llevó adelante una revolución futbolística. Introdujo variantes defensivas, profundizó marcas personales y potenció las destrezas ofensivas, sin extremos y con mucha pelota parada.
La Patria futbolera tardó un tiempo en aceptarlo. De hecho, un porcentaje de hinchas todavía lo reprueba, en un acto que a esta altura parece más testimonial que razonable (discutir al Estudiantes del ‘82 o la Selección del ‘86 sería de necio). Pero su figura fue antes, ahora y lo será en un futuro, motivo de debate.
El Cholo, que en Europa prolongó el estilo que empezó a mostrar como técnico aquí en Estudiantes, River, San Lorenzo y Racing, declaró hace unas horas que siente orgullo de haber sido formado en la Escuela de Bilardo, y el Narigón avisa a los cuatro vientos que decidió llevarlo a una gira con la Selección, con 18 años, porque “era distinto”.
También se lo llevó a Sevilla, en 1992. Tiempo después el propio Bilardo contaba en un diario español: “Yo ya llevaba muchos años como entrenador. Imagínese cuántos jugadores había podido ver ya. Pero lo del Cholo era distinto. Hacía cosas extrañas. Yo les ponía videos a los jugadores y él se levantaba y decía: ‘esto está bien, esto está mal…’. Y mire, le diré algo más, les he visto hacer cosas a los jugadores del Atlético que ya hacía él conmigo”.
Simeone y Bilardo parecen cortados por la misma tijera. Y esa fotografía excede a si los dos tocan sus testículos para alejar la mufa o si los dos recurren a lo que sea para ganar un partido. Se trata de dos técnicos obsesivos al extremo del trabajo, que no se permiten otra cosa que no sea ganar. Lo dijo días atrás Simeone recordando a su amigo Nelson Vivas, actual técnico del Pincha y que fuera su ayudante de campo cuando pasó por City Bell. “Como me decía él, sólo en el diccionario la palabra éxito está antes que trabajo”.
Más pronto que tarde Simeone será el técnico de la Selección. Es un camino de ida el que lo conducirá. Y cuando eso ocurra será una nueva reencarnación de Bilardo, que en su último esfuerzo como director de selecciones llevó a Alejandro Sabella... Argentina llegó a la final otra vez, ¿no?
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