En 1876, entre el Parque Tres de Febrero y los alfalfares de Rosas, quedó inaugurado el Hipódromo de Palermo, cuando presidía la República Nicolás Remigio Avellaneda, un hombre del partido Autonomista Nacional. Esa tarde concurrieron al mítin turfístico unas 10.000 personas que vieron ganar al caballo Resbaloso. Hoy, el hipódromo Argentino festeja 140 años de vida.
El hipódromo, por esos años, tenía una Tribuna Oficial para 16.000 personas y 4 palcos reservados para las autoridades e invitados. Ya en 1885 se corrió por primera vez el Gran Premio Nacional sobre 2.500 metros. El triunfo fue para el caballo Souvenir.
Poco a poco, Palermo fue creciendo para terminar siendo uno de los circos más importante del país. Su pista de arena siempre estuvo considerada, incluso hasta el día de hoy, como una de las mejores del mundo. “No tiene nada que envidiarles a las de Estados Unidos o a las europeas”, sostiene con orgullo el Presidente de la Comisión de Carreras Antonio Bullrich. “Palermo es hoy un centro social, un lugar de reunión, una salida típica del porteño moderno. Acá se hacen muestras fotográficas, hay galerías de Arte y diversos espectáculos musicales. Ya no es sólo turf”, insiste Bullrich.
Los duelos entre Leguisamo y el Yacaré Elías Antúnez en los años 30 hoy son protagonizados por Pablo Falero y Jorge Ricardo. Han pasado los años pero la pasión no tiene fín. Para el burrero de ley Palermo es como ir a una iglesia. Es una religión. Es un culto de lunes, viernes y domingo.
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