El incremento de impuestos a carburantes y al tabaco pone de relieve que gran parte de las provincias se dedican a actividades monoproductivas, lo cual genera una gran vulnerabilidad y volatilidad de sus economías.
Está claro que los aumentos mensuales de los combustibles tienen como destino mantener esa producción en el sur y mejorar las arcas provinciales que muestran déficit crónicos.
Cuando se carga combustible, no sólo se mantiene la explotación de hidrocarburos, sino que se pagan impuestos y regalías que tienen como destino a los fiscos provinciales. Ambas fuentes de ingresos, luego ayudan a mantener al resto de la economía a través de la demanda de bienes y servicios.
La caída del precio del petróleo puso en descubierto la falla estructural de la economía patagónica que depende tanto a nivel público como privado de la actividad hidrocarburífera. En otros términos, se aumentan los combustibles, para salvar de la quiebra a toda la Patagonia. Una brutal transferencia de recursos con un no menos brutal costo inflacionario.
Algo similar ocurre en el norte con el tabaco, donde muchas provincias dependen de esa actividad para mantener a flote a las administraciones provinciales y a la actividad económica en su conjunto.
En síntesis, malas administraciones provinciales, con déficit crónicos, un esquema perverso de gastar y esperar las transferencias desde Buenos Aires, está poniendo en jaque la viabilidad de las provincias como entidades autónomas, algo que debe ser replanteado a la luz de su fracaso.
MAYOR TRANSFERENCIA
Todo esto a pesar de que han aumentado las transferencias de recursos a las provincias por distintas vías, léase coparticipación, recursos específicos y asistencia financiera de urgencia.
Las transferencias automáticas a provincias registraron en abril, un aumento de 29,3%, aún con el efecto del cumplimiento de los fallos de la Corte Suprema de la Nación (CSJN) y del aumento del coeficiente de participación de la CABA. Las transferencias alcanzaron $ 37.330 millones.
Los gobernadores defienden sus privilegios aún a costa del derecho de los ciudadanos a acceder a mejores condiciones de vida ¿Habrá llegado la hora del regionalismo?
(*) Columnista de DyN
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