“Como un amigo siempre me cargaba diciéndome que Gimnasia no ganaba nada, le aseguré que iba a salir campeón”. Poco después, Juan Pablo Rivera entró al enorme salón donde se rendía el examen final de la olimpíada nacional de Química con la camiseta del club de sus amores. Y ganó la medalla de oro en el “nivel 3 no entrenado”. Mientras, su hermano Ignacio competía en el “nivel 3 entrenado”, la máxima categoría, y también obtenía el oro.
Eso ocurrió en noviembre del 2015. El viernes, los mal llamados “mellizos” Rivera posaron para la foto como abanderado y escolta del industrial Albert Thomas. ¿Qué promedios tienen? “Ni idea. Nueve y pico cada uno”, respondió Juan Pablo.
Así son los “mellizos”. Divertidos, poco apegados a los formalismos, amantes del fútbol y de las salidas con amigos, y brillantes desde el punto de vista académico.
Al hecho de que ganaran la medalla de oro en las olimpíadas nacionales de Química en las dos principales categorías, el director del Albert Thomas, Sergio Figueiredo, le sumó otro dato particular cuando comentó los promedios: Juan Pablo, el abanderado, 9,81; Ignacio, primer escolta, 9,80. “Eso es un punto de diferencia en alguna materia”, dijo el docente entre risas.
son tres
“Nos resulta extraño cuando nos dicen mellizos, porque en realidad somos trillizos”, dicen, y cuentan que su hermana Ana Paula “terminó el secundario el año pasado en la Escuela Benito Lynch y ahora empezó Medicina”.
“Sucede que nosotros, al estar en una escuela técnica, tenemos 7 años”, explica el abanderado y dice que “Nacho ya decidió que va a estudiar Ingeniería Química en la universidad; yo no lo tengo definido todavía, aunque seguro será algo relacionado a la Química”.
Juan Pablo, Ignacio y Ana Paula, hijos de Daniel Rivera, ingeniero electricista que trabaja en el área de electromedicina del Hospital de Niños, y de la odontóloga María Teresa Pivano, hicieron el jardín de infantes y la primaria juntos en el Benito Lynch, situado a “seis cuadras de casa, en 35 entre 14 y 15”, comentan.
Pese a marchar prácticamente a la par en las competencias nacionales de Química, donde se consagraron campeones de los dos niveles más altos, y en el colegio, donde una centésima separa sus promedios generales, Juan Pablo e Ignacio jamás estudiaron juntos. “Ni siquiera en la primaria”, dicen, y explican que “solemos empezar por distintos lados, a veces vamos a diferente ritmo, y no siempre estudiamos la misma cantidad. Es por eso. No por nada en particular. Desde ya que nos consultamos y ayudamos”, agregan.
También cuentan que se diferencian en los gustos musicales y en la ropa. “Nunca nos vistieron igual. Y eso creo que está bueno. Porque somos trillizos pero personas diferentes”, apunta Juan Pablo.
Eso los llevó a ser “muy independientes” pese a compartir amigos, el amor por la Química y la pasión por Gimnasia.
Juegan fútbol “entre amigos” y tenis de mesa en el colegio. Y remarcan que les gusta mucho salir e ir a bailar.
deporte intelectual
Por lo demás, la actividad a la que se dedican casi a tiempo completo es el estudio de la Química para participar de las olimpíadas, algo que hacen desde hace años (ver aparte).
“Ese es el deporte que practicamos. Sería como un deporte intelectual, porque le dedicamos muchas horas por semana con el orden y la disciplina que se le dedica a los deportes físicos”, definen, y remarcan que “durante el año, el objetivo es aprender, solamente competimos cuando llegamos a la fase nacional”, dicen y finalizan: “Del colegio, además de las enseñanzas, rescatamos sobre todo a la gente que conocimos. Aquí hay mucha heterogeneidad, y eso es muy positivo”.
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