Las sagas apocalípticas, de ciencia ficción y distópicas junto a novelas juveniles realistas copan las librerías en el marco de un fenómeno que se robustece con redes sociales, Internet, críticas literarias de booktubers y bloggers, además de un marketing que masifica las obras y las transforma en productos de rápido consumo. Sellos grandes y pequeños apuestan a lo que parece haber tomado la posta de aquel prodigio del fantasy iniciado hace más de 15 años con Harry Potter, la septualogía de la británica J.K. Rowlling; reavivado luego en “Crepúsculo”, saga de la estadounidense Stephenie Meyer; y, más cerca en el tiempo, por Los juegos del hambre, de su coterránea Suzzane Collins. “Las nuevas tecnologías producen un fenómeno de viralización que supera la lectura y produce críticos en esos mismos lectores”, afirma Luz Enríquez de El Ateneo, sello que lanzó hace poco Fantasy, colección que abrió “Dark Star”, el libro de superhéroes de Bethany Frenette que continuó con “Estrella en llamas” y “Fuego del cielo”.
“La franja que lee literatura juvenil se extiende hasta los 40 años -remarca por su parte Georgina Dritsos desde V&R Editora-, las fronteras se van haciendo más difusas y año a año cada vez más gente consume títulos juveniles”.
Para Enríquez, “está el cuento de que los nuevas soportes tecnológicos alejan a los jóvenes del papel pero no es así. Desde los 13 años esos booktubers conforman el proceso de marketing, porque una buena historia es siempre reconocible”.
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