El mundo de hoy sería, para la entrañable Mafalda, “un desastre y una vergüenza”, asegura el célebre dibujante Quino, quien más de medio siglo después de crear su icónico personaje reconoce que le gustaría ser recordado como “alguien que hizo pensar a la gente las cosas que pasan”.
Joaquín Lavado, poseedor de galardones como el Premio Príncipe de Asturias y la Medalla de la Orden y las Letras de Francia, sigue sin explicarse cómo aún hoy, público de toda nacionalidad y condición le demuestra incondicionalmente su cariño.
“Cuando me dicen, ‘gracias por todo lo que nos diste’ digo, ‘¿qué les di?’”, expresa en una entrevista con Efe en la Feria del Libro de Buenos Aires.
Sin embargo, a este hijo de españoles rebautizado desde niño como ‘Quino’ para diferenciarlo de los muchos ‘Joaquines’ que ya había en su familia, no le gusta demasiado hacer balances, aunque “de vez en cuando uno se ve obligado a hacerlo”, como cuando en una entrevista como esta alguien le pregunta el porqué de su dilatado éxito.
Las aventuras de Mafalda, la contestataria luchadora social de 6 años amante de los Beatles, la democracia, los derechos de los niños y la paz, y detractora de la sopa, las armas, la guerra y James Bond, se desarrollaron de 1964 a 1973, aunque claro está que su imagen y sus atemporales e irónicos mensajes en pro de un mundo mejor la han hecho inmortal.
“Viendo las cosas que hice en todos estos años me doy cuenta de que digo siempre las mismas cosas, y siguen vigentes. Eso es lo terrible... ¿No?”, remarca Quino.
El veterano dibujante se refiere a sus “temas de siempre”, como “la muerte, la vejez, los médicos y esas cosas”, con los que durante décadas hizo pensar a los lectores a través de sus emblemáticos personajes.
Asimismo, difícil resulta no preguntarle si esas historias y otras de las que habla tienen en el mundo de hoy una solución.
“Conociendo al género humano me parece que solución no hay”, espeta.
Antes de la despedida y sin grabador mediante, Quino se muestra extrañado ante lo que a su juicio es algo poco menos que inaudito: que no haya salido a relucir la eterna pregunta de por qué decidió acabar con Mafalda, la misma que fiel a sus ideas, opinaría que el mundo de ahora “es un desastre” y “una vergüenza”.
Aunque luego de 1973 Quino retomó el personaje en contadas ocasiones, el no querer cansar ni repetirse hizo que su pequeña ‘hija’ reposase para siempre pero quedase viva en la memoria popular.
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