Por MARIANO PEREZ DE EULATE
Sonará incorrecto, pero más de un radical de la Provincia debe haber sonreído ayer cuando se enteró de la salida de Carlos Mahíques del ministerio de Justicia bonaerense. Esa cartera era uno de los lugares apetecidos por el principal socio del PRO en la alianza Cambiemos cuando la gobernadora María Eugenia Vidal armaba su gabinete, a fines del año pasado.
Finalmente, la UCR no lograría ni un sillón en esa cartera, aunque existieron pedidos concretos en ese sentido de las autoridades partidarias a la mandataria. Vidal cedería a sus aliados la cartera de Producción, donde recaló el actual ministro Jorge Elustondo. A los radicales, que además ostentan la vicegobernación con Daniel Salvador, siempre les quedó gusto a poco. Consideran que tuvieron un rol importante en el triunfo de Cambiemos en la Provincia y que están mal pagos. Se sabe en el mundo político: no es lo que piensa la cúpula del macrismo puro, incluido el Presidente de la Nación.
Sectores radicales han vuelto a reflotar el histórico malestar hacia el Ejecutivo provincial: les gustaría tener más participación en la toma de decisiones
Ayer, mientras Mahíques empezaba a juntar sus cosas de su oficina de la Torre 2, voceros oficiosos de la gestión saliente adjudicaban a “operaciones de sectores del radicalismo” algunas versiones que se escucharon durante el breve paso del juez por el vidalismo acerca de sus supuestas intenciones de quedarse con la Procuración General de la Suprema Corte provincial y de su reticencia a viajar hasta La Plata diariamente para ocupar su puesto de trabajo. Rumores que, según esa óptica, habrían buscado desgastar al funcionario saliente.
Fuentes cercanas a Vidal aseguraron a este diario que nunca se pensó en ofrecer la cartera vacante al radicalismo una vez que se supo de la salida del ministro, comunicada en una reunión a solas con la mandataria antes de que ésta viajara a Estados Unidos. “No fue una buena señal de la gobernadora hacia nosotros”, evaluaba anoche un hombre de la UCR, ya cuando el peronista Gustavo Ferrari, reemplazante de Mahíques, se ponía el traje de nuevo ministro.
MALESTAR HISTORICO
Aunque Salvador hace malabares para mantener la calma en su partido, sectores radicales han vuelto a reflotar el histórico malestar hacia el Ejecutivo provincial resumido en una queja recurrente: les gustaría tener más participación en la toma de decisiones.
El diputado nacional Ricardo Alfonsín, que todavía sigue siendo el titular de la UCR bonaerense, estalló cuando se enteró que Vidal había hecho un nuevo pacto legislativo con el renovador Sergio Massa para avanzar con el proyecto de eliminar las reelecciones indefinidas de intendentes, legisladores y demás cargos electivos en la Provincia. Sacó incluso un comunicado quejándose de esa idea “inconsulta”.
Aún sabiendo de la necesidad de Vidal de contar con el massismo en la Legislatura (en cierta forma, una debilidad política), intramuros del radicalismo se percibe cierto malestar respecto al papel político preponderante que ha adquirido Massa -y su tropa bonaerense- en relación a su rol de “aliado” extra partidario. Este sentimiento es más fuerte, claro, en las tribus radicales más críticas de la gobernadora que llevan sus lamentos al vicegobernador.
En verdad, se han escuchado pocas voces radicales a favor del proyecto que limita las reelecciones. Y menos aún de algún jefe comunal de ese partido. Es que los intendentes de la UCR, en principio, no estarían tan de acuerdo con la iniciativa de acotar a sólo dos períodos la posibilidad de gobernar en sus distritos.
El argumento oficial es “no cercenar la voluntad de la gente” que, en efecto, es en definitiva quien elige. Pero en verdad hay obvios intereses políticos detrás de esa refutación de la idea que apoya Vidal: el radicalismo, que en muchas ciudades gobierna hace varios períodos, parece temer que si el proyecto se hace realidad se termine produciendo cierto achicamiento de su presencia territorial que se expandió con la elección del año pasado, luego del ostracismo de la década kirchnerista.
A FUTURO
La cuestión electoral, pero de cara al próximo año, es otra variable que empezó a atravesar la relación de los radicales con la Gobernadora. En reuniones reservadas que juntan a legisladores, concejales y dirigentes partidarios se ha expresado la necesidad de “fortalecer” el rol del partido dentro de la coalición de gobierno para reclamar un lugar central en las mesas donde se confeccionarán las listas de candidatos para la elección de medio término.
Algunos análisis que se escuchan en esas mesas radicales dicen que si al gobierno de Mauricio Macri le va relativamente bien en materia económica y eso tiene cierto derrame hacia la populosa Buenos Aires, se corre el riesgo de que el ímpetu del PRO termine desdibujando el papel de la UCR a la hora de hablar de y decidir sobre candidaturas. Traducido: una lucha por la “lapicera” que hoy asoma prematura.
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