EL PODER DE LA MODA.- Vuelve la realizadora australiana Jocelyn Moorhouse (“En lo profundo del corazón”, “La prueba”) tras trabajar de guionista para su esposo J.P.Hogan (“El casamiento de Muriel”). Y lo hace con esta pieza extravagante, efectista y recargada de fallidos cambios de tono. Estamos en la Australia profunda, año 50. Una muchacha vuelve al pueblo. Necesita vengarse. La acusan de haber causado en su infancia la muerte de un chico insoportable. Y toda su familia pagó por eso. Es un pueblito de mala muerte. Y ella, que ha triunfado en Europa en el mundo de la moda, utilizará su talento para ajustar cuentas no sólo con sus ex vecinos, sino también con su memoria que se niega a recordar lo que pasó aquel día fatal. Una de las formas de vengarse es mostrarse como una mujer desafiante y superada en ese mundo que atrasa y huele mal. Y la otra, es poner su talento como modista para que las mujeres puedan recuperar atractivo y por eso mismo, presencia. Ella irá recomponiendo su relación con una madre medio piantada que primero la niega, después la humilla y al final la perdona. Y además, deberá escuchar los ruegos amorosos de un vecinito que la cree inocente. Una historia más. Lo que malogra todo es la puesta en escena: loca, absurda y exagerada, una trágica farsa a la que ni Kate Winslet logra sacar del pozo. (**REGULAR).
ENCERRADA Y HABLADA
IL NOME DEL FIGLIO, de Francesca Archibugi.- La versión francesa de la pieza teatral Le prenom, no nos había gustado. Y esta es inferior. Porque al distanciamiento francés se ha convertido, en esta versión italiana, en un pequeño festín de desbordes, sobreactuaciones, gritos y algunos pocos pincelazos intimistas. El espectador no les cree a estos personajes verborrágicos. Y encima el texto es poco feliz. La historia describe un encuentro de amigos, uno más, que al final termina mal. Un esquema teatral muy transitado. Todo se desbarranca cuando Paolo, el hermano de la dueña de casa, avisa que va a tener un hijo y que de nombre le va a poner Benito. Los demás ponen el grito en el cielo. Y una cosa lleva a la otra. Se habla de política, de trabajo, de afectos. La charla sube de tono, el enojo deja lugar al reproche y allí irrumpen las confesiones. Y surgen secretos y los vínculos se cuestionan. Película encerrada, aburridona, con tipos inaguantables, aunque al final la llegada de ese hijo ponga otra vez las cosas en su lugar. (**REGULAR)
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