LEOPOLDO MANCINELLI
Psicólogo
Es innegable que en los últimos diez o quince años se han multiplicado las mascotas en zonas urbanas, sobre todo perros y gatos. Y que éstas son tratadas cada vez con mayor deferencia y cuidado, llegando en muchísimos casos a dormir con sus dueños.
De la mano de estas nuevas costumbres comenzaron a proliferar otra vez las mascotas, pero en este caso como auxiliares terapéuticos. Es probable que uno de los pioneros en el oficio de auxiliar ha sido el caballo, utilizado en procesos denominados equinoterapia. En estos tratamientos, el paciente con ayuda de su terapeuta, establece un vínculo con el animal, que es distinto al usual; ya no es montarlo para trotar, galopar o andar al paso, sino realizar distintas maniobras, formas de intimar como palabras o caricias mientras el animal gira en un círculo o camina a campo abierto. Con posterioridad comienzan a agregarse a la lista de animales auxiliares, otros menos asociados con la mascota hogareña, pero imbuido de las mismas virtudes terapéuticas que posee supuestamente el equino. Es así como delfines, simios, llamas y otras especies entran a jugar el rol de auxiliares del terapeuta.
Ignoro si hay estadísticas o estudios comparativos que permitan corroborar las virtudes de estos animales como auxiliares y el rendimiento efectivo de este tipo de terapias. Pero no hay dudas que el contacto directo con un animal produce en el ser humano una sensación intensa y profunda dado, que se verifica cuando observamos la escena de una familia entera durmiendo plácidamente con sus mascotas. Incluso cuando entidades médicas de nivel mundial llegan a afirmar que quien ha sufrido un infarto tiene menos probabilidades de recidivar si comparte su hogar con un perro.
Por lo tanto habría que dar un voto de confianza a los que apuestan a los animales para acercarse al problema de sus pacientes y tratar de acompañarlo o curarlo. El contacto directo con el animal, sea caballo, pato o delfín, debe generar una corriente de simpatía, mezclada con temor y sorpresa, que sacude la estructura mental del paciente, generando promisorios cambios.
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