Borges entraba a las salas de conferencia o a las aulas y a partir de allí sólo se escuchaba el silencio de la concurrencia. Era un hombre anciano y ciego, que caminaba casi torpemente con su bastón. Sin embargo, la imagen que daba no era la de un ser que venía del pasado, sino, más bien, de un profeta que iba seguro hacia alguna tierra prometida.
La gente lo veneraba porque siempre llegaba con metáforas o giros sorprendentes, a pesar de que en su estilo literario sobraban citas medievales o de la historia clásica. Sin embargo, aquella cerrada antigüedad de espadas y de tigres, de puñales malevos, de laberintos legendarios y pretéritos, desembocaban siempre en un aleph de inéditos vaticinios.
El tiempo que ha corrido desde la muerte de Borges, los treinta años que han pasado desde su final en Ginebra demuestran, cada vez más, que aquel escritor de ojos casi blancos, de ojos que parecían explorar en la tiniebla, fue también un augur, un iluminado ironista que previó varias décadas antes las más pasmosas tecnologías que hoy asombran al mundo.
Así lo asegura, entre otros, un hombre nacido en Tucumán, periodista, músico y asimismo doctor en física, profesor en la Universidad de Oakland (Estados Unidos), especializado en física cuántica.
Esa persona se llama Alberto Rojo y hace poco escribió las siguientes palabras: “Borges es el poeta más citado por los científicos. Si uno pone “Borges Jorge Luis” en la Web of Science, el banco de datos de artículos de ciencia, aparecen miles de citas a su obra en trabajos de matemáticas, física, biología, economía, lingüística y paleontología. Quizá se deba a que Borges -el supremo conciliador del lirismo con la precisión- hace de sus metáforas un reservorio de imágenes donde conviven la ciencia con la visión mágica del mundo. O a que detrás de los planteos científicos fundamentales hay un precepto de raíz borgeana: para entender algo del universo, primero hay que dudar de todo”.
La fama de Borges se irradia, atraviesa las fronteras nacionales y también las ideológicas. La mayoría de sus antiguos adversarios ya están dejando de ver en Borges a un viejo reaccionario o, si lo siguen viendo así, no les importa. Porque ahora valoran su excelencia intelectual. Grandes escritores de su generación o algo más jóvenes –Marechal, Sábato, Cortázar, Mujica Láinez, Bioy Casares, entre muchos otros- siguen vigentes, pero son como estrellas empalidecidas en un sistema regido por el sol borgeano. Para muchos, el motivo reside en que Borges se anticipó décadas a su tiempo, se fue de su tiempo y encontró el futuro antes de que ese futuro llegara.
Rojo detalla que Herbert Simon, premio Nobel de Economía en 1978 por su teoría sobre la toma de decisiones, dedicó un capítulo de su libro central a la influencia de Borges sobre su obra. El laberinto es metáfora de la vida, decía; debido a ello, la solución de los problemas supone “la búsqueda a través de un vasto laberinto de posibilidades”. El científico recuerda que, en una carta que años después le dirigió a Borges, en la que le pidió una entrevista personal, le dijo: “Usted concibe la vida como una búsqueda a través de un laberinto”. Simón admiraba sobre todo dos cuentos de Borges: “La biblioteca de Babel” y “El jardín de senderos que se bifurcan”.
En uno de sus viajes a Buenos Aires, Rojo visitó a Borges en su departamento de la calle Maipú. Al hablar de uno de esos dos cuentos diría el científico: “No deja de asombrarme su anticipación literaria de la llamada teoría de los universos paralelos en el cuento “El jardín de senderos que se bifurcan” de 1941. Las leyes de la mecánica cuántica que describen el comportamiento del mundo microscópico dicen que las partículas –átomos y moléculas invisibles al ojo humano– pueden estar simultáneamente en varios lugares y sólo pasan a estar en un lugar definido cuando se las observa con un detector. En el cuento, Borges propone un laberinto temporal en el que cada vez que uno se enfrenta a varias alternativas se elige simultáneamente por todas, creando así diversos tiempos y porvenires que se bifurcan. Es curiosa la similitud entre el cuento de Borges y la tesis que el físico Hugh Everett III publicó en 1957 y disparó de lo que hoy se conoce también como la hipótesis del multiverso”.
Rojo cuenta que la primera vez que se topó con citas científicas de Borges fue en un libro de texto de física –Thermal Phisics, de Charles Kittel- y que este autor, Kitteel, aludía a “La biblioteca de Babel” como un estudio literario-científico. Y dijo Rojo que eso se lo contó una vez a Borges, que se sorprendió mucho y que le contestó: “¡No me diga! Fíjese qué curioso, porque lo único que yo sé de física viene de mi padre, que me enseñó cómo funcionaba el barómetro”. Cuando Rojo insistió en el dato, dice que Borges, con modestia oriental, agregó: “¡Qué imaginativos son algunos físicos!”.
Algunos observadores aseveraron que Borges fue quien, cincuenta años antes de la explotación masiva de Internet, imaginó la revolución del mundo virtual y adelantó categorías compatibles con el hipertexto, el link o la hipermedia.
PREDICCION DE INTERNET
Perla Sasson-Henry, en un libro publicado en los Estados Unidos, se sumó al número creciente de intelectuales contemporáneos, entre otros Umberto Ecco, que opinan que Borges, al que califica de visionario, prefiguró la existencia de la World Wide Web. Sobre este tema se publicó en The New York Times un artículo titulado “Borges y el futuro previsible”
Según se señaló, el libro de Sasson-Henry estudia las relaciones entre YouTube, los blogs y Wikipedia, y los cuentos de Borges que “hacen del lector un participante activo”. Sassón-Henry, profesora asociada en el Departamento de Estudios de Idiomas de la Academia Naval de los Estados Unidos, describe al autor de El Aleph como un hombre “del viejo mundo con una visión futurista”.
Tanto ella como otros autores cifran en tres cuentos de Borges la visión anticipadora de las redes sociales. Esas narraciones son “Funes el memorioso”, “La Biblioteca de Babel “y “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, cuyas líneas definen casi mágicamente una íntima relación entre la literatura y las nuevas tecnologías. Sobre este punto se detiene el articulo de The New York Times, señalándose en estas historias el escritor virtualmente anticipa el concepto de blogs o de una biblioteca universal .
En el caso de Funes el memorioso, se trata de un cuento aparecido en el libro Ficciones, que es una colección de cuentos de Borges editado en 1944. El escritor lo definió alguna vez como “una larga metáfora del insomnio”, ya que el protagonista sufre del mal de no poder eliminar sus recuerdos (hipermnesia). Al no poder dormir, no tiene la capacidad de olvidar que es una forma de consuelo. Lo cierto es que el protagonista dispone de la asombrosa capacidad de conocer y conservar todo su conocimiento. La similitud con una posible e infinita colección de conceptos y vivencias se puede volver hasta horrorosa: Borges da a entender que Funes carecía de la capacidad del pensamiento.
Hay dos frases de Funes, de las que cualquier lector avisado podrá extraer comprobaciones. La primera dice: “Más recuerdos tengo yo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo”. Y la segunda completa esa idea, casi dolorosamente: “Mi memoria es como vaciadero de basuras”. ¿Qué diferencias hay entre ese abarrotado depósito mental y la aún reciente y gran enciclopedia electrónica?
Otro estudioso, Dante Augusto Palma, relativiza esta alternativa de un Borges profeta de Internet. Dice que “la fantasía de internet como aquel “espacio” donde se encuentra “toda” la información, creo, sería visto por Borges con sumo espanto. Recuérdese la gran paradoja de Funes que por recordar absolutamente todo no podía pensar. No hay mejor metáfora que ésta para dar cuenta de cómo el exceso de información desjerarquizada y la compulsión por el detalle banal lejos de ofrecernos vías libres para nuevas y creativas interpretaciones nos quita la capacidad de abstracción y con ello la posibilidad del pensamiento”
De todos modos, agrega el mismo Palma, algo debió entrever Borges y cita este párrafo de “La biblioteca de Babel” que “parece resumir lo que Borges, con su infatigable ironía, podría decir de la web: “La escritura metódica me distrae de la presente condición de hombre. La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Quizás me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana, la única, está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta”.
De todos modos, no debiera suponerse que Borges disponía de una suerte de percepción extrasensorial. En este sentido, no está solo como escritor. Colegas suyos de todos los tiempos tuvieron una especial capacidad para adelantarse, para ver más lejos que los demás y transmitir asombrosas predicciones. Allí están, entre muchos otros, los nombres de Julio Verne, H.G. Wells, George Orwell, Aldous Huxley, Arthur C. Clarke o los más futuristas de Isaac Asimov o Ray Bradbury, haciéndole compañía.
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