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El gobierno bonaerense atravesó una semana de fuertes turbulencias. La realidad económica sigue sin generar buenas noticias y alimenta la inquietud y las sospechas de los funcionarios que ven conspiraciones en el horizonte.
Abunda en el equipo de la gobernadora María Eugenia Vidal la teoría de que algunos movimientos de protesta que protagonizan agrupaciones piqueteras están motorizados por sectores del kirchnerismo. No lo dicen con todas las letras, pero lo blanquean cuando mencionan a Avellaneda y a Berazategui, dos comunas administradas por intendentes ultra K, como posibles escenarios de estallidos sociales.
La propia Vidal aprovechó ayer un acto en Vicente López para hacer pública esa preocupación y advertir a “quienes quieren la violencia”.
Los cañones del gobierno provincial apuntan también a otro campamento: el que lidera el ex intendente de La Matanza, Fernando Espinoza. En ese populoso distrito conviven realidades por demás acuciantes, con sectores sociales fuertemente postergados inmersos en una pobreza lacerante.
A Espinoza le adjudican en la Provincia declaraciones subidas de tono, una suerte de incitación, dicen, a empujar saqueos en esas barriadas pobres.
Algunos movimientos generados en las últimas horas ratifican ese cuadro de inquietud oficial. Por lo pronto, el gobierno bonaerense buscó aceitar la buena sintonía con el grupo de intendentes dialoguistas del PJ.
No habría que desvincular de esa idea de estrechar filas en procura de contener potenciales desbordes, lo que ocurrió el jueves en el Senado bonaerense. Allí ese grupo de alcaldes en el que hay que anotar, entre otros, a Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Gabriel Katopodis (San Martín) y Juan Zabaleta (Hurlingham), junto al esquema político que vienen construyendo Florencio Randazzo y Julián Domínguez, se llevaron bajo el brazo dos directores del Banco Provincia.
DEUDA SALDADA
Vidal, en rigor, saldó la deuda con este sector por el aporte decisivo que hicieron para que sus legisladores le aprobaran el Presupuesto allá por enero. Pero la cuestión va más allá: estarían avanzadas las negociaciones para que dos ex jefes comunales que abrevan en el PJ dialoguista desembarquen en algunos otros espacios que le corresponden a la oposición. José Eseverri (Olavarría) y Daniel Di Sabatino (San Vicente) estarían en plena etapa de precalentamiento para ingresar en algunas áreas del Estado.
Tampoco debería desvincularse de ese intento de Vidal por blindar su gestión, el encuentro reservado que mantuvo en las últimas horas con Sergio Massa.
El Frente Renovador ha sido hasta el momento un sostén decisivo para la gobernabilidad de la administración de Cambiemos, pero ingresó en un proceso de diferenciación en el que, con mayor énfasis cada vez, marcará críticas al gobierno provincial.
De hecho, esos cuestionamientos son, puertas adentro, furibundos. En el massismo achacan que “nadie hace política” en el gabinete de Vidal y que existen problemas que plantean sus intendentes que requieren de gestiones, no de dinero contante y sonante. También le apuntan sin piedad a la gestión en Seguridad que encabeza Cristian Ritondo.
Que la propia Vidal tuviera que escuchar las quejas de alcaldes y legisladores del Frente Renovador en aquella cena con Massa, podría estar revelando que, acaso, la propia mandataria haya decidido suplir en persona esa carencia de muñeca en su equipo de gobierno.
Otro encuentro concretado hace algunas horas abona ese teoría. El intendente Walter Festa (Moreno), otrora cercano al camporismo, cerró con la propia mandataria ayuda financiera para pagar el aguinaldo a los empleados de su comuna.
Las inquietudes por algunas piezas flojas en el equipo de Cambiemos robustecieron las versiones sobre retoques en el gabinete. La figura del ex massista y alcalde de San Miguel, Joaquín de la Torre, empezó a sonar con insistencia.
De la Torre mantiene muy buena sintonía con el PRO y su nombre se menciona por estas horas como posible ministro de Vidal. La versión puso los pelos de punta al radicalismo: el lugar en el que podría recalar el jefe comunal sería el ministerio de la Producción, el único espacio más o menos relevante que le otorgó la mandataria en el poco generoso reparto a sus socios de Cambiemos.
El intendente preferiría designar a algún hombre de su confianza y en el Gobernación dicen que “les encantaría” contar con quien sonó, en pleno armado electoral del año pasado, como compañero de fórmula de la propia Vidal.
Jorge Elustondo, el ministro del área, aparece inmerso en una dura controversia por una resolución que impactó sobre el funcionamiento de los Puertos y que desató la ira de los gremios del sector que paralizaron la actividad. Dicen que la Gobernadora no estaría para nada satisfecha con esa situación.
OTRO ENOJO
Un estado de ánimo similar al que estaría experiementando Vidal por estos días con el secretario Legal y Técnico, Julio Conte Grand. El funcionario hizo derrapar feo al gobierno bonaerense con el decreto reglamentario sobre las declaraciones juradas que, tal como estaba redactado, no sólo establecía penas de prisión para periodistas que las difundieran sino que encriptaba una medida que debía ser pública.
Vidal lo cruzó del peor modo a Conte Grand: apenas terminó por declarar en un programa de televisión donde aseguró que no había “error” alguno en el decreto, salió a la luz un comunicado oficial de la Provincia en el que se anunciaba la derogación lisa y llana de los artículos polémicos.
A seis meses de gestión, el gobierno de Cambiemos parece sentir que, pese a la buena imagen que conserva la mandataria, existen cuestiones por corregir. Ya dio los primeros pasos una estrategia política y comunicacional para que los funcionarios empiecen a recorrer los distritos junto a intendentes y legisladores.
La idea es “vender” el gobierno de Vidal y exponer las obras que se van a realizar. Ya hay designados unos 80 funcionarios-voceros para encarar esa tarea territorial.
(*) Periodista de la sección Política
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