Fue la semana del “primer semestre”. Se cumplieron seis meses desde la asunción de Macri y hubo, por supuesto, balances y pronósticos. El Gobierno insiste en que en la segunda mitad del año empezará a verse la luz al final del túnel. El “segundo semestre” ya no es sólo una variable del análisis político y económico; forma parte hasta del humor popular. “¿Es cierto que el segundo semestre son los padres?”. La picardía circulaba ayer por las redes sociales.
Mientras tanto, la realidad no da tregua. El escalofriante episodio de inseguridad en el que balearon a un comerciante de Olmos describe el clima de extrema vulnerabilidad en el que todavía se vive. Hugo Mollo -un dirigente destacado de la zona de Olmos- miraba televisión en su casa mientras su esposa leía. Una banda entró a sangre y fuego. En la furia de disparos murió un delincuente. Y Mollo ahora da batalla contra las secuelas de un balazo en el abdomen. Así se vive.
A este vecino -como tantos y tantos otros- el miedo ya lo perseguía. Por eso, seguramente, había decidido tener un arma en su casa. Anteanoche comprobó, de manera dramática y brutal, que el miedo estaba justificado.
La inseguridad parece un drama de nunca acabar. Y las recetas a veces también parecen repetidas. Discutir si hay más secuestros o si la cantidad es la misma pero con más repercusión es, otra vez, poner el foco en el lugar equivocado. Pero eso es lo que se discutió en los últimos días.
No es la única “película repetida”. Algo de eso tuvo también la aprobación esta semana del feriado en homenaje a Güemes. ¿Hasta cuándo se seguirán agregando feriados? Al ritmo que se lleva, en pocos años se trabajará de vez en cuando...
Hay que tener en cuenta, además, que no sólo se deja de trabajar por los feriados. Esta semana, sin ir más lejos, dejaron de atender en oficinas de la Torre II porque hacía frío.
El país, mientras tanto, sigue sujeto a una rutina imprevisible: una mañana se levanta y no hay nafta en las estaciones de servicio; otra va al aeropuerto y se encuentra con los vuelos cancelados. Al otro día se topa con la Autopista bloqueada o con un piquete en la 9 de Julio mientras muchos se preguntan qué pasó con aquel famoso protocolo antipiquetes.
Hasta el fútbol se ha convertido en una catarata inagotable de conflictos. Las renuncias masivas en la AFA; los desacuerdos por la Súperliga y el aparente desembarco de Maradona como veedor en nombre de la FIFA, tiñen a la dirigencia de los clubes de una pátina de imprevisibilidad y desconcierto que nadie sabe a dónde conduce. Por suerte queda Messi, que entra y arma una fiesta de goles y destreza que, al menos por un rato, pone en primer plano lo mejor que tiene el fútbol.
Es bueno destacar que la realidad también ofrece algunos remansos. La historia que esta semana contó EL DIA sobre los estudiantes del Albert Thomas que han montado una “bicicletería solidaria” habla de esas cosas que valen la pena.
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