Dicen que hasta el 9 de diciembre a las 23:55 los tironeos entre Julio Garro y Sergio Panella no tuvieron pausa, hasta que uno de los dos decidió a esa hora apagar el teléfono y dar a esas conversaciones definitivamente por concluidas. Fue cuando el radical se negó categóricamente a integrar el gabinete del por esas horas inminente jefe comunal, que debió recurrir entonces a Rubén Casanovas para ocupar la rechazada secretaría de Desarrollo Social.
El arranque había sido accidentado en la relación con el radicalismo no sólo por ese episodio, que acaba de cumplir seis meses. Sino también porque el otro radical que había sido precandidato en la interna de Cambiemos, Claudio Pérez Irigoyen, también había desistido de ocupar la ofrecida secretaría de Salud, aunque sí estuvo de acuerdo, junto a la gente que integró su lista, en la designación de Alfredo Luchessi en esa función.
Pero Luchessi, sobre quien otros correligionarios siempre se encargaron de remarcar su origen peronista, motivó recientemente fuertes críticas por parte de distintos sectores de la Junta Central (algunos comentan también su mala relación con la subsecretaria del área, la radical Adriana Uriarte, hermana del presidente de la UCR platense) y del propio Pérez Irigoyen, quien, molesto por su desempeño, en la última cena del Club San Luis le dijo al intendente que si consideraba que el funcionario debía dejar el cargo, él no pondría objeciones. Sin embargo, y a pesar de ser un lugar que parecía destinado a la UCR, por ahora, es el propio Garro quien reconfirma su nombre.
DISCONFORMIDAD
De cualquier manera y salvando puntos en concreto, los distintos sectores del radicalismo vienen planteando disconformismos que ninguna reunión del Club San Luis ha podido apaciguar. Las quejas, que en estos seis meses fueron pasando de “incipientes” a “in crescendo”, insisten en reprochar la “falta de integración y participación” y el desconocimiento sobre “un programa político para la Ciudad”.
Además de consolidar un PRO local, Garro tiene como desafío mantener vivo el plenario de Cambiemos en la propuesta de esa “mesa chica” de diálogo y de política que integre a los tres sectores de la coalición. A pesar de la amplificación de algunos cruces verbales que tomaron trascendencia, como los del secretario general del municipio, Javier Mor Roig, con Panella y con la dirigente de la Coalición Cívica, Cristina Doratto, el jefe comunal se muestra confiado en poder lograr esa conciliación, advirtiendo -y creando nuevas molestias- que uno de los nodos del problema son las pugnas intestinas del propio radicalismo.Pero el desafío parece difícil: desde la Junta Central son cada vez más quienes hablan de “diferenciación” y hasta de armar un “interbloque” radical sin escindirse completamente de Cambiemos. En este contexto, un detalle no resultó menor: el presidente y vice de la UCR local, Marcelo Uriarte y Marcelo Viñes, acudieron al Concejo Deliberante el jueves para dejarles a todos bien en claro su posición rotunda en contra del proyecto del presidente del cuerpo, Fernando Ponce, para la creación de un protocolo “antipiquetes”. Sólo el tiempo dirá si se trató de otro mero episodio de tirantez entre los sectores o del primer paso concreto hacia esa tan repetida “diferenciación” en medio de la cada vez más ardua intención de sentarse a esa “mesa chica”.
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