El debate sobre la posesión de armas es recurrente en EE UU, donde casi a diario se registran tiroteos en los que hay varias víctimas y donde, como lo denunció en varias ocasiones el presidente Barack Obama, los ciudadanos parecen haberse acostumbrado a que estos hechos formen parte de su vida cotidiana. Cada vez que se producen sucesos como el ocurrido ayer en Orlando, vuelven a resonar las voces que claman por acabar con el derecho de la tenencia de armas. Sin embargo, no parece tarea fácil el lograrlo, puesto que los defensores de este derecho, con la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) a la cabeza, se amparan en la Segunda Enmienda de la Constitución y para poder suprimirla o modificarla hace falta cumplir con unos términos difíciles de lograr.
Para poder introducir cambios en el texto aprobado en 1788 --al que se incluyó la Segunda Enmienda en 1789-- hace falta que dos tercios de los miembros de ambas cámaras del Congreso voten a favor y que también lo hagan tres cuartas partes de los estados del país, es decir, 38. Hay otra opción, a la que nunca se recurrió: que dos tercios de los estados convoquen una convención constitucional. La Segunda Enmienda dice que “siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”. Hasta 2008 se interpretaba que los ciudadanos no tienen el derecho individual de poseer armas sino que son las autoridades locales, estatales y federales las que deben regular este aspecto. Sin embargo, todo cambió con la sentencia del Tribunal Supremo de EE UU del caso Distrito de Columbia contra Heller. Este ciudadano había contestado la constitucionalidad de la prohibición de la tenencia de armas en Washington, considerada como la más restrictiva del país, y los jueces del Supremo le dieron la razón, por cinco votos a cuatro, sosteniendo que la Segunda Enmienda establece el derecho individual de los ciudadanos a poseer armas. Con este veredicto, el Supremo dio nuevos argumentos a quienes defienden el derecho ciudadano a poseer armas, algo muy enraizado en los estados del sur, si bien ya hay conciencia de la necesidad de ciertos límites, como controlar los antecedentes de quienes van a comprar un arma. Se estima que hay entre 270 y 310 millones de armas en todo el país. Un estudio de Pew Research Center en 2013 reveló que en el 37% de los hogares de EE UU había un adulto que poseía un arma. El 74% de los poseedores eran hombres y el 82% eran blancos. Para los que abogan por un mayor control para portar armas, la facilidad con la que se pueden adquirir explica en gran medida por qué en EE UU se produce un número tan elevado de homicidios y de matanzas indiscriminadas.
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