El pianista y compositor cordobés Manolo Juárez (foto), promotor de formas estilísticas y armónicas que cambiaron el folclore, enfatizó el valor de Horacio Salgán como pianista y lo comparó con el estadounidense Bill Evans, considerado uno de los próceres del instrumento a escala mundial, al señalar que “mano a mano, Salgán le pasaba el trapo”.
“Si hablamos de técnica, Salgán le pasa el trapo a Bill Evans. No hay margen de discusión”, aseguró Juárez, de 79 años. Evans, neoyorquino, vivió entre 1929 y 1980 y fue acaso el pianista más destacado del jazz americano. Su influencia se percibió en la obra de Brad Mehldau, Chick Corea y Keith Jarrett, entre otros artistas.
En tanto, comparado con él mismo, Juárez no vaciló: “Yo apenas puedo decir que toco el piano; pianista era Salgán, eso es otra cosa”.
“Salgan es para mí el lugar donde más lejos llegó el tango en cuanto a evolución, hablando de arreglos. Creo que ese es el mayor aporte que le ha hecho al tango. Si bien es uno de los pianistas más virtuosos, un compositor de melodías exquisitas y el director de una orquesta magistral, hay muchos otros grandes pianistas, grandes compositores y grandes directores. Pero su nivel de arreglador a mi entender no fue ni será nunca igualado”, afirmó en el mismo admirado sentido el pianista Andrés Linetzky, alumno de Salgán.
“Salgán es parte fundamental de la historia de la música argentina en general. Es un pianista tan exquisito como pocos y de creatividad genial e incomparable. Quisiera poder decir que es más importante su aporte como instrumentista que como arreglador o viceversa pero su musicalidad no se restringe a un sólo aspecto y deslumbra en todos los campos. En ese sentido, Salgán es todo”, agregó la pianista Paula Suárez.
Para Joel Tortul, Salgán “es el más grande pianista que ha dado nuestro país como intérprete de nuestra música popular. Su técnica sublime, buen gusto, manejo rítmico, fraseo sincopado y sonido pianístico le permitieron amalgamar la claridad de Mozart, el impresionismo de Debussy y la cadencia rítmica de la música afro en el barro de nuestro folclore ciudadano”. Y otro alumno suyo, Nicolás Ledesma, apuntó para el cierre: “Su música, como la de Mozart, es eterna”.
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