Hay que tener mucha fe y muchos ahorros para andar tirándole bolsos con dólares a un convento de monjas de clausura. Con esto del blanqueo, algunos millonarios último modelo han optado por poner su plata negra a resguardo celestial. Las hermanas de clausura, como Lázaro Báez, han hecho votos de silencio. Por eso no suena descabellado guardar allí la moneda que sobra. No hay cámaras que graben y ellas no pueden contar nada. Calladas y sigilosas, esas monjas jamás imaginaron que sus votos de pobreza podían ser tentados de semejante manera. Se sospecha que fueron ellas y no un vecino las que llamaron al 911 cuando vieron en plena noche las andanzas sospechosas de un pecador en auto negro que arrojaba pesados bolsos a un patio que hasta allí sólo aceptaba oraciones y villancicos. Es que la plata sucia a veces bendice y a veces molesta. Y este ex secretario de Obras Públicas de Cristina Kirchner, no sabía dónde guardar tantas licitaciones. Está claro que todo lo que estos muchachos habían ido juntando en la función pública no cabía en la Rosadita. Aquello fue apenas la muestra gratis de un tesoro interminable que va a necesitar varios conventos y varios votos de silencio para no salir a la superficie en toda su dimensión.
Dicen que José López y Julio De Vido eran asiduos feligreses de ese monasterio. Que incluso le pusieron ripio a la entrada para que sus milagrosas donaciones no encontraran obstáculos. Dos funcionarios también exitosos que iban a rezar cuando algún cheque se demoraba. Creyentes y expeditivos, pagaban en efectivo cada penitencia. Devoto de Francisco de Asis, López había comprendido que era hora de despojarse para poder salvarse. Y lo hizo a oscuras, sin testigos ni ostentación, dando un ejemplo de austeridad y recato. Como el perdón se ha puesto muy caro, llevó dólares y euros para que el cambio no estropeara su reconversión.
“...intendentes no hay camino/se hace camino al cobrar”
Evidentemente la iglesia, después de tantos años de aceptar donaciones millonarias sin preocuparse demasiado por la procedencia, ahora se ha puesto quisquillosa. A comienzos de la semana, el Vaticano le devolvió un cheque de 16 millones de pesos al gobierno de Macri. Y ahora, para que vean que no hay nada contra la gente de Cambiemos, las monjitas de General Rodríguez se negaron a recibir la cuantiosa donación de un mandamás de Vialidad que viene avanzando por la banquina desde la época de Kirchner en Santa Cruz y que le dio una fructífera vueltita al poema: “intendentes no hay camino/se hace camino al cobrar”.
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