La matanza ocurrida el fin de semana en Orlando en un club gay reabrió el debate en EE UU sobre la prohibición de donar sangre a los homosexuales, una norma que rige desde 1983 y que el año pasado se limitó sólo a aquellos que hubieran mantenido relaciones sexuales en el último año. Ante los 53 heridos en el tiroteo, más el medio centenar de fallecidos, las autoridades sanitarias pidieron a la población que fuera a los bancos de donación de sangre. Sin embargo, se dio la paradoja de que la comunidad que había sido atacada no podía solidarizarse con las víctimas, al menos no en igualdad de condiciones.
Hasta diciembre pasado, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE UU (FDA, en inglés), mantuvo íntegra la prohibición a los gays de donar sangre por miedo a la transmisión del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), sin embargo decidieron poner limitaciones. Esta prohibición entró en vigor a principios de los años ‘80, ante el gran número de muertes por esa enfermedad que afectaban especialmente a la comunidad gay. Los servicios sanitarios de EE UU detectaron que el virus se propagaba a través de las donaciones, ya que por aquel entonces no existían métodos que pudieran analizar la existencia del VIH en la sangre extraída, una justificación que ahora, con los avances tecnológicos, no se explica. Sin embargo, más de 30 años después, las autoridades federales del país consideran que aquellos hombres que hayan mantenido sexo con otro hombre en el último año, o las mujeres que hayan mantenido relaciones con un hombre que a su vez hubiera tenido sexo con otro, no pueden donar. Tras lo ocurrido en Orlando, la FDA dijo que evalúa derogar la norma, pero las conclusiones de los estudios médicos siguen en su contra. Según la FDA, el levantamiento de la prohibición de donar sangre tal y como existe en la actualidad, podría cuadruplicar la cantidad de casos de transmisión del VIH a través de transfusiones de sangre, que a diciembre de 2015 ascendía a 1,47 millones.
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