Finalmente la corrupción pasa a ser un valor determinante en la política argentina.
El episodio que tiene como protagonista José López, un exfuncionario íntimamente ligado a Julio De Vido y a la mismísima ex presidenta, solidifica la hipótesis de la corrupción estructural del gobierno kirchnerista.
En un escenario solo comparable a los mejores pasajes de la literatura latinoamericana de realismo mágico, el ex secretario Obras Públicas de la Nación fue detenido cuando, de madrugada, intentaba poner a buen resguardo más de nueve millones de dólares dentro de un monasterio.
La noticia en si es de una contundencia tal que puede poner punto final al relato nacional y popular y dejarlo reducido solo a fanáticos seguidores y a otros que, por cómplices, no les quede más remedio que sostenerlo.
La remanida frase de que la realidad supera la ficción, aquí, aplica en forma absoluta.
Quien llamo a la policía fue un vecino, que sintió perros ladrando y un auto sospechoso en marcha. Se llamá Jesús y seguramente, jamás sospechó que iba a desatar lo que puede constituirse en un punto de quiebre en la política argentina.
Casi uno esta tentado de afirmar que, efectivamente, el gobierno tenía razón en sostener que tendría buenas noticias en el segundo semestre. Claro que nunca se esperaba que el protagonismo de “esas buenas noticias” involucrara a un alto funcionario del pasado gobierno.
La iniciativa política ahora ha quedado exclusivamente en el campo de la actual gestión de Cambiemos. Los seguidores de Cristina quedaran claramente en la defensiva y merced al devenir de nuevos acontecimientos y de una justicia que debiera aprovechar “su momento” para intentar reconciliarse con la opinión pública y salir de esa zona de fuerte desprestigio donde está la ha colocado.
El peronismo tradicional –pese al voto protector con que los diputados del PJ premiaron ayer a De Vido- definitivamente acelerara su despegue de todo lo que tenga vinculación K y se lanzara a un proceso de renovación que lo exima a futuro de todos los pecados de la última administración. El primer ejemplo, seguramente, es el de Maurice Closs.
El “roban pero hacen” ha dejado de funcionar como discurso pragmático donde la sociedad se autojustificaba al no condenar moralmente a los funcionarios políticos sospechados de cometer distintos tipos de ilícitos.
El apellido López y el peronismo parecen tener una triste historia y pudiera ser que en ambos casos (José López Rega y José López) su caída en desgracia marque momentos traumáticos en la historia del movimiento.
Solo restaría recordar que si la gran fuente de dinero mal habido en el período de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner fue producto de la contratación irregular de la obra pública, inevitablemente existe una contraparte privada que permite la concreción del delito y se beneficia con él.
No solo hay que llegar arriba en la “ruta del dinero K” sino también llegar a los nombres de sus “socios privados”.
Porque la justicia a medias no es justicia. Es encubrimiento.
(*) Analista y Consultor político
SUSCRIBITE a esta promo especial