Ricardo Barreda cumplió ayer sus 80 años en circunstancias muy particulares: en libertad, aunque internado y rodeado de vecinos que le hicieron una torta y lo aplaudieron mientras pedía tres deseos.
La increíble escena se desarrolló en el Hospital de General Pacheco, donde el cuádruple homicida se encuentra internado desde hace un mes por un cuadro compatible con demencia senil. Los vecinos con los que compartió los últimos cinco meses en el barrio de Troncos, en Tigre, se acercaron hasta allí para homenajearlo “como se merece”. Barreda fue condenado a perpetua por matar en 1992 a escopetazos a su mujer, sus dos hijas y su suegra, en la casona que todos compartían en 48 entre 11 y 12.
El odontólogo estuvo con condicional hasta el 20 de mayo de este año, cuando recuperó la libertad de manera definitiva, pero días después sufrió una caída que lo llevó a pasar dos días tirado en el suelo de la habitación de la pensión de Federico Ozanam al 500, donde alquila una pieza.
Los vecinos lo encontraron con un cuadro de desnutrición y algunas secuelas en su personalidad, por lo cual llamaron a una ambulancia y permanece internado en el Hospital “Magdalena V. de Martínez”, en General Pacheco.
Barreda llegó al barrio junto a un amigo llamado “Tito”, quien le alquiló una habitación y lo dejó solo con sus cosas, pero se ocupó todos los meses de pagar la renta. A partir de entonces, varios vecinos se encariñaron con él.
Una de ellas es Yanina Robledo, quien asegura que lo aprecia como el abuelo que nunca tuvo. “Con mi familia lo visitamos todos los días para que no se sienta solo y nos ocupamos de darle de comer”, admite.
“La soledad lo llevó a adaptarse y a hacerse amigo de todos”, comentan sus compañeros de pensión. “Es un muy buen vecino, uno más entre nosotros más allá de las limitaciones físicas de su edad”, cuenta Osvaldo Tomás, uno de los seis que vive en la misma casa. Y agrega: “Estaríamos contentos de tenerlo de vuelta por acá”.
Ahora los vecinos que lo acompañaron durante los últimos meses esperan que Barreda se recomponga y vuelva al barrio, pero, mientras tanto, se encargaron de que recibiera los 80 a puro festejo.
En el horario de visitas lo homenajearon con una torta con bengalas, globos, empanadas caseras, mate y música. Iván, el almacenero del barrio, sabe “que entre los deseos que pidió está seguir viviendo”.
Desde el hospital, las enfermeras que lo atienden en una habitación doble del sector de Cuidados Mínimos dijeron que mientras se recupera están a la espera de alguna persona cercana que se acerque al centro de salud a llevárselo y hacerse cargo por su estado.
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