En los pasillos de las torres administrativas se ven a diario largas colas de gente esperando para subir a los ascensores. Ocurre que a pesar de que, por caso, en la torre I hay ocho elevadores, por distintos motivos apenas funcionan dos. Y un paisaje similar es el que se en la torre II, donde también funcionan solo dos ascensores y las colas son moneda corriente.
Proyectadas a comienzos de la década del 70, cuando la expansión de la actividad burocrática comenzó a exigir en la capital provincial nuevos espacios; y concluidas, finalmente y luego de un sinfín de vueltas, promediando los años 80, las torres situadas frente a plaza Moreno experimentan, hace tiempo, un progresivo deterioro.
Este medio dio cuenta en varias oportunidades que también son recurrentes las quejas por déficit de mobiliario y equipos en las oficinas, así como por cielorrasos desprendidos y baños en mal estado.
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