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La economía y el amor: cuando lo mío es mío y lo tuyo es tuyo

En materia económica hoy en día muchas parejas, casadas o no, optan por las cuentas claras y administran sus bienes de manera independiente. Pero en estos acuerdos inciden muchos factores, como quien gana más y quien menos, que no siempre hacen que todo funcione mejor

Por Redacción

En materia de convivencias, muchas cosas han cambiado en los últimos tiempos. No solo en lo que hace a las elecciones -matrimonios igualitarios, uniones sin pasar por el civil, etc- sino también en materia económica, que no solo se refieren a las nuevas posibilidades que ofrece la ley a la hora de dividir bienes, sino a acuerdos entre sí entre los que queden bien claras las diferencias, algo así como “nos queremos y vivamos juntos, pero lo tuyo es tuyo y lo mío es mío, y a la hora de los gastos cada uno paga lo suyo”. ¿Funciona mejor así?

Para muchos especialistas, los hábitos más comunes en la economía de las parejas de hoy son hacer un fondo común para cubrir los gastos o dividírselos de manera equitativa o proporcional al sueldo. Algunas parejas guardan parte de su sueldo, lo que no comparten, para hacer con ello lo que quieren y otros sacan de ese fondo común para sus gastos personales también. Pero lo hagan como lo hagan, si no está claro desde el principio cómo se va a hacer, al final puede traer problemas.

“Cuanto más joven se casa la gente, mas inciertos son los ingresos futuros de los miembros de la pareja, de manera que acordar la conformación de un fondo común de ingresos que se disfruta 50 y 50, que en última instancia es lo que implica el contrato matrimonial desde el punto de vista jurídico, es una gran idea”

Para la consultora económica Verónica de Miguel, “si hay un equilibrio entre los dos ingresos y están de acuerdo en cómo manejar la economía del hogar, la situación se mantendrá equilibrada, pero, si uno de los dos gana menos o uno se queda en casa y el que tiene ventaja económica la hace prevalecer sobre el otro, ahí empezarán los inconvenientes”.

LOS CAMBIOS SEGUN LOS AÑOS

En los matrimonios integrados por parejas que pasan de los 50, estas nuevas tendencias parecerían resultar novedosas. Es que hasta finales del siglo XX, una de las relaciones de economía doméstica más utilizada era que el hombre saliera a trabajar y la mujer no. Así, el varón se sentía satisfecho con su rol de proveedor y la mujer manejaba el “chanchito” del ahorro familiar.

Sin embargo, hoy la mujer trabaja a la par del hombre y genera sus propios ingresos, y ambos estarían en condiciones de hacer cumplir eso de “lo mío es mío y lo tuyo es tuyo”. Las diferencias, entonces, aparecerían cuando se da un desbalance marcado entre los ingresos de uno y otro.

“En estos casos -señala de Miguel- lo mejor es hablarlo entre los dos naturalmente y consensuar. Porque el que menos gana, o no gana, se siente disminuido y dependiente del otro. Y eso rebela. Y también puede darse que el que más gana, ya sea tanto el hombre como la mujer, lo esconda para sí. Del mismo modo, hay reacciones diferentes. Si el de mayor ingresos es el hombre, suele sentirse reforzado en su masculinidad y no considera que su pareja pueda sentirse disminuida. Pero si la que más gana es la mujer, suele ocurrir que no quiere que su compañero se sienta disminuido por no ser él el proveedor principal”.

Desde el lado de la psicología, en tanto, la licenciada Sonia Ixuribehere sostiene que “la forma en que cada miembro de la pareja maneja el dinero depende del lugar de poder que ocupa dentro de la relación. Hoy en muchas familias es la mujer quien tiene esa posición y, si bien muchos hombres lo toleran sin problema, hay otros que se sienten heridos y avergonzados”.

“Hay otra variante -destaca la consultora económica- que se da cuando los dos tienen las mismas responsabilidades y acuerdan poner todo en un fondo común, y el dinero para extras y gastos particulares también sale de este pozo. Pero también puede ocurrir que surja lo que actualmente se denomina “infidelidad económica”, que ocurre cuando uno de los dos decide omitir algunos de sus ingresos y quedárselos para sí. No pone todo lo que gana en ese fondo común, sino que se reserva un porcentaje que no “declara”. Por esto, cuando se determina si “lo tuyo y lo mío es lo nuestro, lo mejor siempre es consensuar intereses y necesidades”.

“El dinero es un tema de disputa y generador de peleas -agrega Ixuribehere- y es fundamental tomarse el tiempo necesario para negociar la distribución de los gastos. Es importante acordar qué parte será destinada a los ahorros, y cuál al tiempo libre, a las salidas, los viajes y las compras. Y sin importar quién gane más, se deben priorizar los intereses en común para la pareja. Lo importante es que la economía de la casa funcione y que cada uno de los miembros de la pareja se sienta cómoda con los acuerdos que se tomen juntos. El dinero no puede ser un tabú que agriete una relación, sino el cimiento sobre el que se acomoda la seguridad de la vida diaria”.

LAS NUEVAS POSIBILIDADES

Más allá de estos acuerdos que suelen darse en la práctica, desde que comenzó a regir el nuevo Código Civil y Comercial, trajo consigo un cambio radical en la situación patrimonial de las familias argentinas. Concretamente, en las convenciones matrimoniales se pueden convenir entre los cónyuges y los futuros cónyuges las donaciones que realicen entre ellos, el inventario y avalúo de sus bienes, la opción que realicen entre el régimen de comunidad de bienes o el de separación de patrimonios, y la enumeración de las deudas.

Así, las personas que se casen pueden elegir si desean vivir juntas y si comparten sus bienes, pero también quienes deciden no contraer matrimonio pueden firmar un acuerdo de convivencia y determinar qué le toca a cada uno si se separan.

“Es importante acordar qué parte será destinada a los ahorros, y cuál al tiempo libre, a las salidas, los viajes y las compras. Y sin importar quién gane más, se deben priorizar los intereses en común para la pareja.
Sonia Ixuribehere, psicóloga

La ley hoy permite que, al casarse, se pueda optar por compartir o no los bienes, decisión que puede modificarse una vez al año y que debe certificarse ante un escribano.

Si se elige el régimen de separación de bienes, cada uno adquiere su patrimonio como si no estuviera casado, aunque optar por un régimen u otro puede tener implicancias patrimoniales en la cuestión impositiva.

En cuanto a quienes deciden convivir pero no casarse, pueden elegir también firmar un acuerdo, inclusive con mayores alcances que el de los matrimonios. De esta manera, en caso de separación se puede puntualizar qué ocurre con la vivienda, qué tipo de educación tendrán los hijos y quién quedará al cuidado de ellos, qué sucederá con los bienes, y también podrán fijar una recompensa o compensación en caso de que uno de los miembros ponga fin unilateralmente a la relación.

También, hoy en día la ley reconoce derechos a las parejas aunque no certifiquen la convivencia ni firmen un acuerdo. No son derechos patrimoniales ni de herencia. Sin embargo, en caso de ruptura o muerte, un juez puede decidir que la vivienda le corresponda temporalmente a uno de los dos, aunque no sea el titular, sobre todo si hay chicos, pero también si esa persona no tiene otro lugar donde vivir o si salió “perjudicada” por la decisión del otro de terminar la relación. Puede pedir una compensación o recompensa económica, y además podría vivir en esa casa por un tiempo equivalente al que duró la relación.

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