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Un enviado del Papa llamó a poner fin a la corrupción

El presidente Macri junto al enviado del Papa al encuentro, cardenal Giovanni Battista Re

Por Redacción

Lo hizo delante del presidente Macri, quien también habló de erradicar la pobreza

Con un llamado a “poner fin a la corrupción” y conseguir una “verdadera reconciliación entre los argentinos”, el Congreso Eucarístico Nacional culminó ayer en Tucumán con una misa multitudinaria de la que participaron 150.000 fieles de todo el país, a la que asistieron el presidente Mauricio Macri y la vicepresidenta Gabriela Michetti.

“La Eucaristía es luz para el servicio del bien común y para la contribución que los cristianos deben aportar a la vida social y política, que necesita hoy más que nunca de un quiebre, que lleve a poner fin a la corrupción y a una real renovación y progreso en la honestidad, en la rectitud moral, en la justicia y en la solidaridad”, afirmó en la homilía el enviado del papa Francisco al encuentro, el cardenal Giovanni Battista Re.

Lo escuchaban desde la primera fila el presidente Macri, acompañado por la vicepresidenta y el gobernador de Tucumán, Juan Manzur, en el marco de una multitudinaria y colorida celebración que se desarrolló al aire libre en el predio del hipódromo de la capital tucumana, bajo un cielo plomizo y un día frío.

En su homilía, el cardenal Re se refirió también a la necesidad de “conseguir una verdadera reconciliación entre los argentinos en la justicia, en la fraternidad, en el amor y en la paz, para hacer crecer la cultura del diálogo y del encuentro”.

LAS PALABRAS DEL PRESIDENTE

Al término de la misa, Macri fue invitado a subir al escenario, donde pronunció una oración en la que pidió la intersección de Dios y la Virgen para “construir entre todos un país con esperanza y trabajo, para actuar siempre con la verdad y la justicia, para incluir a todos y vencer las diferentes formas de pobreza, para erradicar la corrupción en todas sus manifestaciones, para promover la fe respetando sus distintas expresiones y para proteger la vida desde la concepción hasta la muerte”.

La misa fue concelebrada por 150 obispos, presididos por el presidente del Episcopado argentino, monseñor José María Arancedo, y de otros países latinoamericanos, y unos 1.000 sacerdotes, en un inmenso escenario montado en medio del predio con un cartel que resumía el lema del encuentro que comenzó el jueves en la capital tucumana: “Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos”.

Acompañaron a Macri, que arribó 9.40 al predio en helicóptero, el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich; el responsable del Plan Belgrano, José Cano; el secretario de Vivienda, Domingo Amaya; el secretario de Culto, Santiago de Estrada, y el subsecretario del área, Alfredo Abriani.

EN NOMBRE DEL PAPA

“En nombre del papa Francisco, a quien tengo el alto honor de representar, con intenso sentimiento saludo a todos los argentinos, deseando todo bien a cuantos viven en esta amada nación, de profundas raíces cristianas y fuertemente encaminada, con esperanza, hacia el futuro”, dijo Re en su homilía.

Asimismo el delegado papal transmitió “un pensamiento especial al presidente de la Nación, al gobernador de la provincia y todas las autoridades, con sincero aprecio por su presencia y por su contribución al buen éxito del congreso”.

En un hecho inédito, participaron de la ceremonia -así como de todas las celebraciones masivas del congreso- las imágenes más veneradas y convocantes del país como la Virgen del Valle de Catamarca, la Virgen y el Señor del Milagro de Salta, la Virgen de la Merced de Tucumán y el Señor de Mailín de Santiago del Estero, que fueron traídas en procesión desde las distintas provincias.

La celebración, que incluyó fragmentos de la Misa Criolla por parte del grupo folclórico Los Surcos, tuvo participación activa de los funcionarios nacionales: además de la oración de consagración que pronunció Macri al final de la misa, la vicepresidenta leyó la segunda lectura del libro de los apóstoles.

En otros tramos de la homilía, el cardenal Re dijo: “Para la sociedad actual, marcada por tanto egoísmo, por la especulación desenfrenada, por tensiones y contrastes, por tanta violencia” la eucaristía es una “llamada a la apertura hacia los demás, a saber amar, a saber perdonar; es una invitación a la reconciliación, a la solidaridad y al compromiso con los pobres, los ancianos, los sufrientes, los pequeños y los marginados”.

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