Por
Ezequiel FernAndez Moores
Podría comenzar con el 20 de junio de 1867. Porque ayer lunes se cumplieron 149 años del primer partido de fútbol en el país. Fue en el campo deportivo del Buenos Aires Cricket Club, lindante con el terreno del actual planetario, en el Parque Tres de Febrero, en Buenos Aires. Los hermanos Thomas y James Hogg y Walter Heald lideraron al grupo de residentes británicos que dio el puntapié inicial. Gorras rojas vs Gorras blancas. Eran ingleses victorianos medios, empleados en tareas comerciales y masones. El elitismo inicial, claro, se trasformó con el tiempo en pasión popular. El fútbol salió de las escuelas de élite inglesas y llegó a los potreros. Pero hay que recordar al anglófilo Alumni de los hermanos Brown. Porque fue la base de nuestra primera selección.
24 de junio de 1906: Se cumplirán este viernes 110 años del primer triunfo de un equipo argentino sobre otro extranjero. Alumni, justamente, vence 1-0 a un combinado de residentes británicos en Sudáfrica. Se juega en Palermo, en el campo de la Sociedad Sportiva Argentina (actual Campo Argentino de Polo). “Un día glorioso en la historia del fútbol argentino”, titula el diario Buenos Aires Herald. El presidente José Figueroa Alcorta, presente en el estadio, se abraza al final del partido con el capitán argentino Alfredo Carrow Brown. Es el primer abrazo entre el fútbol y la política, “la primera vez que un presidente usaba al fútbol para acercarse a su pueblo”, diría tiempo después el escritor Osvaldo Soriano.
15 de junio de 1958: Fue hace unos días. Se cumplieron 58 años. Para qué recordarlo. Ubiquemos el momento. Argentina lleva 24 años ausente en las Copas Mundiales. Eramos eternos campeones morales, decía la prensa, siempre aferrada a supuestas injusticias pasadas y a un fútbol que, es cierto, disfrutaba en ese momento de grandes jugadores y de equipos notables. Pero que no se medía internacionalmente. Lo hace y la selección se despide en primera rueda del Mundial 58. 6-1 ante Checoslovaquia. Es el llamado Desastre de Suecia. “El inicio de la confusión”, suele recordar César Menotti, cuando dice que, a partir de allí, comenzamos a querer copiar a los europeos. A privilegiar el físico. Y a olvidarnos de la pelota.
25 de junio de 1978: Se cumplirán el sábado próximo 38 años del primer Mundial ganado por el fútbol argentino. Es cierto, quedará la eterna sospecha del 6-0 a Perú. Quedará eterno el recuerdo difícil, porque fuimos campeones en los años del horror. “Ese carnaval insensato”, como hizo poema una vez el periodista Carlos Ferreira. Pero aquella selección de Menotti fue un equipo más que digno. Que salió a buscar casi siempre. Que arriesgó cuando en el fútbol parecía comenzar a mandar la moda del juego más especulativo. Ese día, Argentina le ganó 3-1 a Holanda en tiempo extra en la cancha de River. Sucedió a sólo setecientos metros de distancia del horror de la ESMA, donde algunos presos, con grilletes y capucha, escuchaban el grito de gol en el estadio. Y que, como me dijo alguno de ellos, se sumaron a ese grito hasta como un segundo de alivio en medio del pozo.
22 de junio de 1986: Es el aniversario que todos recordarán este miércoles. Porque se cumplen 30 años. Pero no sólo porque es un aniversario redondo. Sino, ante todo, porque es tal vez la fecha más mítica en la historia de nuestro fútbol. No es ni siquiera la final, pero es como si lo fuera. Recordamos más el 2-1 a Inglaterra en cuartos que el 3-2 contra Alemania de la final de México. Porque Diego Maradona, justo él, anota sus dos goles más históricos. La Mano de Dios y La Apilada de Dios. Ambos representan mucho, en el bien y en el mal, lo que es el fútbol argentino. Por la picardía que se hace trampa y hasta se glorifica. Y por el arte en su más pura expresión. Y porque Diego los hace en un Mundial. Y porque se los hace a Inglaterra. El fútbol argentino mata al padre, dato no menor en el país de sicoanálisis, escribió alguna vez Juan Sasturáin. “Creo que si a Diego le dan a elegir –me respondió días atrás Daniel Arcucci, autor del flamante libro autobiográfico de Maradona “Mi Mundial, Mi Verdad”-, se queda con el primero, con el de la mano”. Si hasta Diego también ve arte en la picardía hecha trampa, en el instinto de potrero y de sobrevivencia. Las fotos, cuenta Arcucci que le asegura Maradona, muestran que él saltó antes y mejor que el arquero inglés y que hasta podría haberle ganado con la cabeza. La cabeza que ayuda a tapar la mano. La Mano de Dios. Curioso, esa selección vivió días tormentosos aún en pleno Mundial, con un plantel que decidió rebelarse a su DT. “No le hagamos más caso” a Bilardo, gritó Maradona en una asamblea antes del partido contra Uruguay. La discusión terminó fortaleciendo al grupo. Y Argentina fue justo campeón.
16 de junio de 2006: Volvemos a retroceder en los días pero porque avanzamos en los años. Y porque se trata de la actuación más formidable de Argentina en una Copa Mundial. 6-0 a Serbia y Montenegro, con un gol de Esteban Cambiasso. 25 toques seguidos y 56 segundos de posesión. Paciencia y elaboración. La síntesis del fútbol de José Pékerman. Lionel Messi, además, se convierte con 18 años, 11 meses y 11 días en el más joven debutante de Argentina en mundiales. Y anota su primer gol mundialista. Es cierto, el recuerdo se hace borroso, porque la ilusión se derrumba en cuartos de final contra Alemania. Julio Cruz entra a los 79 minutos por Hernán Crespo. Ultimo cambio y Messi queda en la banca. Alemania empata al final. Gana con los penales. El famoso papelito de Jens Lehman.
Son acaso algunas de las fechas más importantes para la historia de la selección argentina en junio, mes habitual de Copas Mundiales. Las dos últimas finales de la selección, Mundial de Brasil 2014 y Copa América 2015, se jugaron en julio, igual que la última final que sí fue ganada por Argentina, la de la Copa América de Ecuador 1993. También ayer lunes se cumplieron 22 años de otra fecha clave, menos grata, pero geográficamente cercana, porque escribo este artículo horas después del 4-1 ante Venezuela, jugado en Boston, la misma ciudad del cotejo del sábado. ¡Cómo no recordar aquel partido! Si fue el último de Diego en la selección. Aquel que salió de la cancha feliz, de la mano de la enfermera rubia Sue Carpenter. Momento en el que Julio Grondona, según contó esta última semana Joseph Blatter, se hizo la señal de la cruz y expresó: “que Dios nos ayude”. Dios no fue argentino. El control dio positivo. Maradona se despidió de la selección. Y Argentina jamás volvió a ganar un título grande.
Esta noche es la semifinal contra Estados Unidos. Si Argentina ocupa el número uno del ranking de la FIFA, y si además tiene al mejor jugador del mundo, debería ser favorita para ganar hoy. Y ganar también la Copa América. Pero sabemos que el fútbol sigue siendo el deporte más imprevisible de todos. Allí, sino, está la Argentina que en el ‘86 llegó a México jugando pésimo en los amistosos previos y envuelta en un caos interno. Y que terminó campeona. La que llegó a la final del último Mundial de Brasil porque acertó los penales contra Bélgica. Y luego no salió campeona porque Gonzalo Higuaín falló ante el arco o porque Rodrigo Palacio definió mal. Y porque algo parecido sucedió también en 2015 contra Chile. Y porque, simultáneamente, estamos viendo también una Eurcopa en la que Albania, Islandia o Polonia casi le ganan a los más poderosos. Es el fútbol en su estado más puro. Fútbol en junio. Ojalá agreguemos a estas fechas la del 26 de junio. Es el día de la final de la Copa América del Centenario.
Recordamos más el 2-1 a Inglaterra en cuartos que el 3-2 contra Alemania de la final de México. Porque Diego Maradona, justo él, anota sus dos goles más históricos. La Mano de Dios y La Apilada de Dios
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