En distintos ámbitos intelectuales de la Ciudad que conocieron su invalorable aporte, causó un enorme dolor la pérdida de Manuel Trejo, quien falleció a los 90 años.
Nacido en Pehuajó, provincia de Buenos Aires, el 24 de diciembre de 1925; hijo de Nicolás Trejo y de Antonia Ciancio; Manuel Eduardo Trejo fue el segundo de tres hermanos (la mayor es Marta Antonia y el menor - fallecido -, Jorge).
Recibió la formación primaria y secundaria en su ciudad natal y aunque no concluyó con los estudios universitarios que lo llevaron a instalarse, finalmente de manera definitiva, en La Plata, (cursó unos años de Ingeniería y luego se inscribió en la facultad de Humanidades de la UNLP), con la base de su título de maestro de la Escuela Normal de Pehuajó y su reconocido interés de autodidacta desarrolló una carrera fuertemente ligada a los sistemas pedagógicos.
Siempre dentro de lo que hoy es la cartera provincial de Cultura y Educación, trabajó primero en la dirección de Psicología y después en la dirección de Educación Superior. En ambas reparticiones conformó equipos multidisciplinarios que se encargaron de organizar áreas de la enseñanza bonaerense hasta entonces no demasiado afianzadas.
Aunque fue dejado cesante en Educación Superior durante la última dictadura, luego, con el retorno de la democracia, pudo efectuar los trámites correspondientes y jubilarse. De carácter inquieto y apegado a su vocación, no obstante haberse retirado de la actividad siguió durante unos años más con algunas horas cumpliendo tareas en el ministerio.
Trejo fue un lector voraz que logró reunir una copiosa biblioteca. Sus temas preferidos a la hora de sumar volúmenes rondaban en torno a la pedagogía, la filosofía y otra de sus pasiones, la física.
Vinculado a instituciones culturales, fue un socio por demás comprometido con la acción divulgadora de conocimiento de la Universidad Popular Alejandro Korn - UPAK -, donde promovió espacios de discusión, organizó charlas y debates y presentó publicaciones de otros que como él se dedicaban al mundo del pensamiento.
Publicó, asimismo, dos títulos que abordaron la temática de la educación y no alcanzó a editar la tercera obra que dejó escrita.
Se había casado con la profesora de francés Sara Linera, de quien enviudó, tras una sólida vida en común, en 2009. Su única hija, Mariana - ecóloga - le brindó la inigualable satisfacción de convertirlo en abuelo. Francisco y Paulina, sus nietos, fueron su mayor orgullo.
Ético, de conducta intachable, era intransigente a la hora de mantener sus principios. Generador permanente de proyectos se mostró vital y activo hasta sus últimos días.
Excelente amigo, solidario, de generosa colaboración con instituciones de bien público, la cordialidad fue una de sus características. Fue, en definitiva, un auténtico caballero.
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