La antigua industria musical llegó a su fin (aunque todavía no lo acepten) con el advenimiento masivo de internet: el consumo y distribución de la música cambió para siempre, ampliando el espectro de bandas disponibles para la audiencia global pero, rápidamente, minimizando las multimillonarias ganancias de los grandes artistas.
Algunos servicios de internet apuntaron a convertirse en los nuevos mediadores entre los músicos y el público (con Spotify a la cabeza), pero los términos del trato no dejan conformes a un gran conglomerado de artistas, inclusive aquellos que han adoptado la red como un universo de posibilidades y promoción como Radiohead, que sostienen que los nuevos intermediarios han, sencillamente, reemplazado a los viejos, y siguen llevándose las grandes ganancias.
Las regalías de los servicios de streaming son apenas uno de los problemas: otros servicios de transmisión de contenidos por internet como YouTube han firmado tratos con las grandes discográficas para disponer de los catálogos audiovisuales de las estrellas, pero no sólo casi nada llega a los bolsillos de los artistas sino que la plataforma de video on line se ha transformado, como tantos otros medios de internet sin regulación legislativa, en cuevas de piratería donde “los consumidores pueden llevar casi cualquier canción grabada en la historia a su bolsillo, mientras los ingresos siguen disminuyendo”, según se lee en un comunicado lanzado ayer y firmado por numerosas estrellas entre las que se encuentran Paul McCartney y Taylor Swift, los caballitos de batalla de la industria tradicional.
la peticion
La petición pide reformar una ley del copyright digital en Estados Unidos con el objetivo de regular el uso de la música en servicios como YouTube. El ex miembro de The Beatles y la superestrella del pop son dos de los 160 artistas y sellos discográficos que reclamaron por escrito la reforma de la ley Digital Millennium Copyright Act (DMCA) que, según la petición, permite que YouTube sea “un puerto seguro” para infringir los derechos de autor de los músicos.
“La DMCA ha permitido que las corporaciones tecnológicas crezcan y generen enormes beneficios al facilitar que los consumidores puedan llevar casi cualquier canción grabada en la historia en su bolsillo a través de un teléfono inteligente, mientras los ingresos de los compositores y los artistas continúan disminuyendo”, dijo el escrito promovido por el influyente mánager musical Irving Azoff.
La ley DMCA, que fue aprobada en 1998 antes de que existieran los servicios de reproducción de video en línea, fue un intento por actualizar la legislación sobre los derechos de autor a las nuevas tecnologías. Sin embargo, los artistas firmantes de esta petición aseguraron que se necesita una “reforma sensata que equilibre los intereses de los creadores con los intereses de las compañías que explotan la música para su enriquecimiento financiero”.
A través de un comunicado, un representante de YouTube aseguró que “la abrumadora mayoría” de los sellos y editores musicales tienen acuerdos de licencia con su compañía para permitir que los usuarios puedan colgar sus videos con canciones. “Cualquier afirmación de que ese contenido es en su gran mayoría no autorizado es falsa”, añadió.
El debate se da en el marco de un debate repleto de grises, donde las nuevas tecnologías han a la vez democratizado la música y conspirado contra los artistas a través de la piratería, y donde pequeños músicos aprovechan las posibilidades de alcanzar una audiencia global en un click, mientras los grandes actos gritan por la necesidad de un aumento de las regalías. Un mundo nuevo donde por primera vez en una década, el año pasado la industria percibió un crecimiento marcado (por encima del 3%), empujado por el streaming.
“Crear música es cada vez más barato y accesible y eso va a hacer que en el futuro haya más artistas viviendo de la música, en un mercado además en crecimiento. La gente se ha pronunciado. El ‘streaming’ está para quedarse y va a ser la forma de llevar la música a la gente en el futuro”, proclamó Iñigo Zabala en el último MIDEM, Mercado Internacional del Disco y la Edición Musical.
Escala
de regalías
Para que un artista alcance un “sueldo” mensual de 1.260 dólares necesita:
1.117.021
escuchas en Spotify
4.200.000
escuchas en YouTube
180.000
escuchas en Tidal
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