Las bóvedas estaban vacías. Y la posibilidad de que hayan sido construidas para albergar los restos mortales de un obispo y algunas religiosas, no es -por cierto- descabellada. Pero fueron encontradas en el mismo convento en el que José López intentó ocultar unos nueve millones de dólares en plena madrugada. Es imposible no vincular esos bolsos sospechosos con el hallazgo de las bóvedas.
Hay muchas preguntas, además, que no encuentran respuesta. Si estaban destinadas a que descansaran allí los restos del obispo Di Monte, ¿por qué no cumplieron ese propósito si Di Monte murió en abril, cuando las bóvedas ya estaban terminadas? ¿Por qué están escondidas debajo de una alfombra adherida al suelo? Los espacios destinados al descanso de restos mortales generalmente son accesibles.
Tampoco resulta del todo claro por qué estaba rodeado de cámaras de seguridad y desde dónde se monitoreaban, aunque el obispo de Mercedes-Luján lo atribuyó a una medida habitual de protección frente a robos o actos vandálicos.
Tampoco ha quedado aclarado por qué nadie en el convento indicó la existencia de esos hábitats subterráneos, a los que la Policía descubrió por la reacción de perros que olfateaban el lugar.
En definitiva, pensar que esas bóvedas podían estar destinadas a ser el escondite de grandes cantidades de dinero provenientes de la corrupción, no es un acto de imaginación. Es una presunción casi obligada, surgida de datos concretos de la realidad.
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