Berensztein escribió junto a Eugenio Burzaco –actual secretario de Seguridad de la Nación- un libro que abordó el flagelo del narcotráfico y lo caracterizó como una amenaza para la gobernabilidad. “Lo publicamos en octubre de 2014 y temo que sea un libro viejo. Dos años, para un fenómeno como éste, es demasiado”, reflexionó el politólogo. Y enseguida se lanzó a una descripción minuciosa: “Hay una cadena de producción y comercialización, que tiene mercados cambiantes pero hay mucho en Europa, Asia y un poco menos en Estados Unidos. Como por una cuestión de logística se necesita mucho volumen para transportar la droga, los núcleos son aquellos vinculados a caminos y puertos para trasladar la droga: por eso se ve en Rosario, Mar del Plata, La Plata, Bahía Blanca, Comodoro Rivadavia. También hay problemas en Mendoza, porque mucha droga sale por el puerto de Valparaíso (Chile). Hay que tener en cuenta que los actores locales son parte de redes y tienen también su autonomía relativa. Es tal el volumen, que el transporte se paga con drogas, no con efectivo. ¿Qué hacen con esa droga? La venden adentro. Por eso es mentira que la Argentina sea un país de tránsito y no de consumo, ya que cada vez queda más droga adentro”. Berensztein agregó: “Hay una notable incapacidad del Estado para lidiar con esto, que excedió al kirchnerismo aunque con ellos se profundizó. Hay fuerzas mal localizadas geográficamente, un segmento cooptado en las policías provinciales de Córdoba, Santa Fe y la Bonaerense”. Y concluyó: “En la Argentina se acumuló en los últimos 30 años un stock de pobreza insólito. Allí es donde se instaló más el narcotráfico, por la ausencia del Estado. La sociedad abandonó a un tercio de las personas a su suerte. ¿Ahora, quién se puede quejar de que haya favelas en Rosario?”.
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