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Un ministro le echó la culpa de la inflación a otro ministro. Un diputado quiso golpear a otro diputado. Un juez y un fiscal llamaron a una conferencia de prensa y un superior les negó el lugar para realizarla. Los tres hechos ocurrieron en los últimos días y fueron una muestra del clima que se respira en los poderes del Estado, donde nadie luce satisfecho con la cruda realidad nacional.
El ministro que apuntó contra su colega del Gabinete nacional fue Alfonso Prat Gay. Al exponer ante el Consejo de las Américas en Nueva York, admitió que la inflación anualizada llega al 42%, 17 puntos más del promedio del 25% que proyectó para 2016. Pero el titular de Hacienda aclaró que gran parte de ese incremento se debe al alza de las tarifas, dispuesta por su colega Aranguren.
El diputado que se abalanzó sobre otro en medio de una discusión caliente fue el camporista Andrés Larroque, en una reacción desencajada con su compañero Leonardo Grosso justo antes de que el Movimiento Evita anunciara su retirada del bloque del Frente para Victoria. La grotesca detención de López y los fueros de De Vido precipitaron una nueva ruptura en el kirchnerismo.
El juez Casanello y el fiscal Marijuan convocaron a los medios a los tribunales de Comodoro Py para informar de importantes avances en la investigación sobre lavado de dinero que mantiene preso a Lázaro Báez. Pero el camarista Slokar, que integra la agrupación Justicia Legítima, les impidió utilizar una sala acorde y la conferencia terminó haciéndose en un pasillo abarrotado.
En los tres hechos, que a primera vista parecieron inconexos, predominó el internismo sobre las cuestiones de fondo. Esa actitud de los protagonistas hace que muchas veces naufraguen los análisis basados en generalizaciones, que enfocan al Gobierno, el Parlamento y la Justicia como bloques indivisibles, en el que todos los actores tiran del mismo carro hacia un destino común.
EL IMPACTO DEL BREXIT
En el Gobierno cayó como un baldazo de agua fría la decisión del pueblo británico que determinó la salida de ese país de la Unión Europea. Si algo le faltaba a la economía argentina era que los mercados financieros entraran en un período de volatilidad y que los inversores regresen a posiciones conservadoras, a raíz de la incertidumbre que provoca la crisis en el Viejo Continente.
En la Casa Rosada y en el Palacio de Hacienda siempre tuvieron una fuerte expectativa en que se materializara un “boom de inversiones” extranjeras que dinamizaran la actividad. Detrás de ese objetivo se concretó el acuerdo con los “holdouts”, en la búsqueda de normalizar la situación financiera del sector público y tomar créditos a tasas razonables para un país en desarrollo.
Por eso el denominado “Brexit” resulta negativo para los planes económicos del Gobierno. Y también para las Provincias que este año aún no colocaron deuda en el mercado internacional, como es el caso de Salta, cuyo gobernador Juan Manuel Urtubey pretendía conseguir una tasa de interés más baja pero que ahora –ante el nuevo contexto global- difícilmente la pueda conseguir.
El costado positivo del aislamiento británico, de acuerdo a los especialistas en las relaciones internacionales, es que la diplomacia de “The Island” puede encontrarse en mayor soledad para continuar rechazando una negociación con la Argentina sobre la soberanía de las islas Malvinas. Aunque por las urgencias sociales, al gobierno de Macri le interesa más la cuestión económica.
En el plano político, la administración de Cambiemos lanzó al ruedo una reforma electoral que incorpora demandas ciudadanas como la eliminación de las boletas de papel, pero que se queda corta sobre el control del financiamiento de las campañas. El acto de presentación estuvo raleado de gobernadores, lo que derivó en rumores de cierto distanciamiento con el ministro Frigerio.
LA DIASPORA LEGISLATIVA
En el Congreso, la comidilla estuvo en el seno del bloque de diputados del FpV, donde se discutió con aspereza hasta qué punto era necesario defender a De Vido ante un pedido de otras bancadas para suspenderle los fueros y posibilitar allanamientos judiciales a sus propiedades. Al final, unos 30 diputados del bloque se ausentaron del recinto y dejaron solo a De Vido con el camporismo.
Entre los que jugaron a las escondidas hubo diputados que coordinaron el faltazo con los gobernadores de sus provincias, como los chaqueños Sandra Mendoza y Analía Rach Quiroga, los formoseños Inés Lotto y Juan Díaz Roig y el entrerriano Jorge Barreto. Tampoco se dejaron ver los bonaerenses Gustavo Arrieta y Cristina Álvarez Rodríguez, cercanos al ex gobernador Scioli.
“Si lo de López dura dos semanas más, se terminan de desmembrar los K”, comentó por lo bajo un diputado de otra bancada opositora en el salón de los Pasos Perdidos. La partida del Movimiento Evita siguió a la salida de los diputados misioneros y tucumanos. El gobernador de Chaco, Domingo Peppo, sucesor del procesado Capitanich, empezaría a transitar la misma senda.
En el peronismo, mirado en forma extendida, empezaría a gestarse un acuerdo para que el año próximo cada referente provincial saque la mayor cantidad de votos frente a Cambiemos, en una estrategia tendiente a consolidar liderazgos distritales que luego se sentarían en una mesa de negociación nacional de cara a 2019. Allí, Massa espera definiciones.
LOPECITO, DE VIDO Y CFK
En los estrados judiciales, el comentario más repetido en los últimos días se refiere a la extraña conducta de “Lopecito”, quien canta, baila y hasta se desnuda en la cárcel de Ezeiza donde está detenido. El hombre que materializó con su accionar todas las sospechas sobre la corrupción kirchnerista estaría buscando que lo declaren insano, tal vez la única manera que tiene de zafar.
Mientras tanto, su ex jefe político Julio de Vido está empeñado en demostrar que López no era en realidad su “mano derecha”, sino que tenía acceso directo a Néstor Kirchner y luego a Cristina Fernández. Pero el ex ministro de Planificación está tan desacreditado –tanto como los voceros a los que manda a hablar- que difícilmente le puedan creer que no sabía de las actividades de López.
Aunque el avance más rutilante de la semana fue el que lograron el juez Casanello y el fiscal Marijuan, para quienes está prácticamente probado que el clan Báez –Lázaro y sus cuatro hijos- lavaron al menos 25 millones de dólares que tenían depositados en cuentas bancarias en Suiza y que hicieron reingresar a la Argentina tanto por medio de bonos como de la compra de inmuebles.
Por eso el fiscal Marijuan constató casi 200 inmuebles como parte del patrimonio de la familia Báez, que ahora insiste con vincular al juez Casanello con Cristina Kirchner –al denunciar supuestas visitas del magistrado a la quinta de Olivos- pero no aporta pruebas para certificarlo. Y ahora, con sus hijos más comprometidos, se abre un serio interrogante sobre el comportamiento de Báez.
Ya trascendió que el contratista-testaferro afirmó con amargura que él se encuentra en prisión “mientras Cristina se lima las uñas” en El Calafate. La ex presidenta, que se siente perseguida, denunció la presencia de la Policía Metropolitana en Santa Cruz. Y en los próximos días sufriría el levantamiento del secreto fiscal en la causa en que se investigan ilícitos en la empresa Hotesur.
En un país en el que nadie está enteramente tranquilo, la ex presidenta tiene muchas razones para no estarlo. También las tiene su sucesor, aunque en su caso los motivos son económicos. La Argentina atraviesa ahora una etapa signada por la corrupción K y la recesión macrista.
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