Un enorme dolor provocó, entre los profesionales de la ingeniería, el rugby local, y otros ámbitos sociales de la Ciudad, el fallecimiento, a los 53 años, de Gastón Horacio Zappettini.
El ingeniero civil de amplia trayectoria en la administración provincial y con actuación, en los últimos años, en la esfera nacional; y reconocido ex rugbier, había nacido el 30 de agosto de 1962 en nuestra ciudad. Hijo del abogado Horacio Zappettini y de la docente Hilda Pezzani, fue el mayor de los hijos de la pareja. Tuvo tres hermanos a quienes siempre estuvo muy unido: María Cecilia, Octavio y María Florencia.
Tras completar el ciclo primario en el San Luis y el secundario en el Colegio Nacional, se inscribió en la facultad de Ingeniería de la UNLP. Allí siguió la carrera de ingeniero civil, se graduó, y casi de inmediato comenzó a trabajar en la dirección provincial de Vialidad. Cumplió, a lo largo de más de una década, diversas funciones en el organismo, hasta ocupar el cargo de subadministrador. Hace unos años lo tentó la propuesta de participar en el proyecto de la Administración de Infraestructuras Ferroviarias - ADIF S.E. -, solicitó un pase y se convirtió en gerente de Infraestructura de la empresa estatal de alcance nacional.
Asimismo, en distintas etapas de su desarrollo profesional, colaboró desde el ejercicio independiente con empresas ligadas a emprendimientos constructivos.
Su labor, en cada una de las iniciativas que encaró, se caracterizó por la responsabilidad, el compromiso y la pasión, razones por las cuales fue convocado en numerosas ocasiones desde diferentes sectores de la actividad. Tal fue su vocación que vivió entregado casi por completo al trabajo.
El “Sapo” (como era apodado por sus más estrechos allegados desde la adolescencia), cosechó profundas amistades en cada etapa de su vida. Pero aquellas nacidas en los tiempos de jugador de La Plata Rugby lo marcaron para siempre, tanto que, aunque por razones de salud debió abandonar el equipo ya en primera división, nunca dejó de encontrarse con su entrañable grupo de compañeros del club. A partir de ese deporte, que lo fascinó desde los 13 años y que, de alguna manera, se acercó por herencia familiar (su padre vistió también la camiseta canaria) estableció un vínculo de gran afecto recíproco con rugbiers de su generación pertenecientes a otras entidades de la Ciudad, como Los Tilos y San Luis.
Se había casado con María Juliana Rulli y tenía dos hijos: Victoria y Alvaro. La familia que formó constituyó su principal orgullo y representó, además, su mayor estímulo a la hora de enfrentar dificultades.
Entre sus cualidades se destacó el hecho de que tomaba cada iniciativa que emprendía con un singular entusiasmo.
Hincha de Gimnasia, disfrutaba de ir a la cancha para alentar al equipo tripero. Muy hogareño, trataba, domingo tras domingo, de compartir el almuerzo con la familia entera.
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