Messi, el Brexit, Báez y Pérez Corradi. En ese cuadrilátero de nombres se encierra lo más jugoso de otra semana intensa en el país y en el mundo.
Hasta hace pocos días, casi ningún argentino medio estaba familiarizado con ese neologismo. Pero en las últimas horas, el Brexit se ha incorporado al diccionario cotidiano y a las preocupaciones generales. La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea -de eso se trata- ha generado un terremoto en Europa y los cimbronazos pueden llegar hasta nuestra economía. Ya hay muchos que avisan: las inversiones ahora se van a demorar. Y el segundo semestre puede estar un poco más lejos que antes de esta impactante decisión de los ingleses.
Pero el Brexit habla, además, de algo más que de Gran Bretaña. Habla de un mundo que parece girar en direcciones desconcertantes. Jorge Castro, un experto reconocido en política internacional, fue categórico: el triunfo del Brexit anuncia que es muy posible el triunfo de Donald Trump en los Estados Unidos. Hacen esa conexión porque el voto en favor del Brexit es “sociológicamente” un voto similar al que cosecha Trump del otro lado del Atlántico. Es, de alguna forma, el voto “antisistema”, el voto del desencanto, el voto que prefiere un “salto a lo desconocido” que la continuidad del statu quo.
Báez y Casanello se mantienen, mientras tanto, como protagonistas centrales de la coyuntura nacional. La Justicia parece haber apretado el acelerador. Todos los días se conocen nuevos procesamientos, con más citaciones, imputaciones y confirmaciones. Cuesta seguir la vorágine de una agenda judicial que produce noticias cada quince minutos. Lo más impactante de la semana fue, sin embargo, la citación de los cuatro hijos de Báez para la próxima semana. Podrían quedar detenidos después de que se descubriera que aparecían como titulares de millonarias y sospechadas cuentas en Suiza. Impacta la posibilidad de la familia entera quede detenida por la famosa ruta del dinero.
Con las huellas digitales “quemadas”, dos familias y seis identidades falsas, lo de Pérez Corradi fue “el estreno” de la semana para competir con el monasterio de José López. No era fácil robarle espacio a una historia que agregaba extrañas bóvedas frente al altar de un monasterio de clausura.
En medio de tanta sospecha y tanta oscuridad, lo de Messi y la Selección ha sido un recreo reconfortante. Argentina no sólo ha llegado a la final de la Copa América; lo ha hecho con brillo, con goles y con una soltura que se extrañaba desde hacía bastante tiempo. Messi ha dado cátedra. Y regaló, frente a Estados Unidos, un gol de tiro libre que es para enmarcar y coleccionar.
Falta el desafío de esta noche. Pero hay que reconocer que, hasta acá, la Selección ha cumplido con holgura.
En un país agobiado por algunos casos de corrupción obscena y por un segundo semestre que cada vez parece más lejano, una alegría futbolera sería más que bienvenida. Falta esperar que Messi vuelva a brillar.
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