Días atrás, después de una década de movilización comunitaria, se anunció la construcción de dos jardines de infantes en la localidad de Abasto. Y uno de los puntales de esa exitosa campaña fue el referente local Omar Moreira, quien le transmitió su impronta de perseverancia, tenacidad y optimismo. El logro fue corolario de una fecunda labor al servicio de la población del oeste platense; “Tati”, tal como todos lo conocían, murió a los 68 años dejando atrás una larga historia de compromiso con su “pago chico” como dirigente, legislador y desde el llano.
Hijo de María Luisa Genatti y Omar Justo Moreira, nació en San Ponciano (estación Abasto) el 19 de noviembre de 1947. Tras cursar primaria en la Escuela Nº26, transitó el secundario en el Albert Thomas, guiado por su objetivo de convertirse en maestro mayor de obras, mientras se desempeñaba como arquero amateur a imagen y semejanza de los ídolos futbolísticos de su amado Estudiantes.
Aún adolescente, comenzó a trabajar en una bicicletería de su barrio, y luego pasó a formar parte del plantel de la firma láctea Lactodea, que tenía sus instalaciones en Estancia Chica. En enero de 1970 se casó con su novia de toda la vida, Mirta Leticia Rodríguez, junto a quien concretaría el sueño de la casa propia y tendría dos hijas: Valeria Verónica y Paula Alejandra, que se prolongaron en tres nietas -María Victoria, María Lucía y Camila Milagros- y un nieto -Luca-.
Avanzados los años ‘70 del siglo pasado, revistó en sendas empresas constructoras; condujo un emprendimiento de cría de caballos petisos “Falabella”; y fue jefe de cuentas corrientes del Banco Cooperativo. Con el regreso de la democracia, Moreira inició su militancia en las filas del justicialismo desde el grupo de la “Renovación Peronista”, siempre encabezando causas vinculadas con el progreso de Abasto y su zona de influencia. Apasionado y frontal, no le escapó el bulto a las fricciones, los cuestionamientos y los sinsabores propios de las lides políticas.
Electo concejal en 1989, completó dos mandatos consecutivos. Una vez creado el Parque Industrial abastense -otra de las iniciativas que impulsó-, fue designado director. También estuvo al frente de la cooperativa de agua potable de su localidad y promovió la instalación de la unidad sanitaria, el jardín de infantes parroquial, las oficinas de IOMA y correos, y el cajero automático.
A instancias suyas, el aniversario de Abasto se estableció el 25 de mayo; y a partir de una propuesta de su autoría se creó el premio Almafuerte, con el que la Comuna reconoce a los mejores promedios de la escuela primaria. En los últimos tiempos, además de compartir viajes por la Argentina con su esposa y sus nietos, batalló como integrante de la Junta Vecinal Abasto-San Ponciano por la reactivación del ramal La Plata-Brandsen, cuyo valor y trascendencia social conoció de primera mano por haberlo utilizado cotidianamente durante su adolescencia y juventud.
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