Por NICOLAS NARDINI
El penal errado por el mejor del mundo le dolió a la mayoría de los argentinos tanto como a él. No es verdad que sean muchos los que lo siguen cuestionando. Son una minoría, quizás ruidosa, pero minoría al fin. Y en el estadio, allí el apoyo y el afecto fue abrumador para el rosarino.
Ya no está -es ridículo que lo haya estado- en tela de discusión su compromiso para con nuestro representativo nacional, lo que resulta desolador es ser testigos de la impotencia que Messi siente al no poder consagrar su grandeza con un título a nivel mayores en la Selección.
Esa daga en el pecho, lo llevó a decir que hasta aquí llegó, pero detrás de sus palabras hay mucho más que dolor y frustración.
El 10 está cansado del caos del fútbol argentino. Durante la Copa, hubo dirigentes que fueron y vinieron de Buenos Aires varias veces para apagar el incendio de calle Viamonte.
La estructura mega profesional que supo envolver a la Selección en tiempos pasados está detonada. Messi, acostumbrado a ser un engranaje más de una maquinaria logística perfecta en el Barcelona, está harto de los desmanejos de la dirigencia argentina. La estructura directiva no está a la altura de una Selección subcampeona del mundo y que rankea como número uno en el escalafón de la FIFA.
Ya no se le puede exigir más a la Pulga. En la final, por si los reproches van por ese lado, se cargó el equipo al hombro. Hizo un trabajo soberbio apilando marcas y generando espacios no aprovechados por sus compañeros. Los que lo comparan con Maradona, tendrán que apelar a un ejercicio de memoria y recordar que Diego, cuando fue tapado en la final de México ‘86, tuvo compañeros como Valdano y Burruchaga que salieron a su salvataje. A Messi nadie le “tira un centro”. Si no resuelve todo solo, el resto de los de arriba no parece estar a la altura.
Sería tan fácil como equivocado, entonces, volver a caerle con todo el peso de la crítica cuando fue el único de los hombres de ataque que dio la talla, que estuvo a la altura de los acontecimientos.
GENERA LO QUE NADIE
Argentina no puede perder a un jugador que despierta pasiones en el mundo entero. Causó impacto ver en el MetLife Stadium a miles de niños, jóvenes y adultos de distintas nacionalidades ataviados con el celeste y blanco pura y exclusivamente con Messi.
Hasta los estadounidenses se volcaron con nuestro país gracias al crack. Resulta difícil recordar un momento histórico donde Argentina, a nivel deportivo, haya sido tan querida, seguida y apoyada en casi todo el mundo.
Entonces, más allá del indudable aporte deportivo, el apoyo de masas que genera Messi hacia nuestra Selección es un fenómeno imposible de replicar en el mundo entero.
¿Argentina se puede dar el lujo de perder todo eso? La respuesta está clara. Hay que empezar a trabajar para contener a la estrella número uno del mundo y lograr que la Selección no sea un eslabón más del penoso naufragio dirigencial que gobierna al fútbol argentino.
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