Vicente del Bosque tiene el derecho de elegir su futuro. Dirigió la época más laureada de la historia del fútbol español. Un Mundial y una Eurocopa jalonan una hoja de servicios impecable. Un ciclo virtuoso. Irrepetible.
Del Bosque confesó ayer que su devenir dependerá de la conversación que tendrá con el presidente de la RFEF, Angel Villar. El seleccionador es un tipo inteligente. El sabe mejor que nadie la atmósfera que rodea al equipo. Conoce el tremendismo, el extremismo de un país futbolero que va como un péndulo de lado a lado, con análisis viscerales, con prisas y sin pausas.
Del Bosque comenzó desde anoche a diseñar su futuro. Sin agobios, sin tensiones. Con naturalidad, como le gusta a él. En el fútbol se gana más que se pierde. Incluso los grandes no ganan siempre. El famoso Brasil del 70, con Carlos Alberto, Rivelino y Pelé, duró menos tiempo que la España del siglo XXI que asombró al mundo, con Andrés Iniesta al frente.
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