- ¿Qué significó para usted compartir plantel en la Selección con el mejor Maradona de toda su carrera?
Pues aquello era un acontecimiento diario por lo que provocaba. Aquel era un fútbol sin héroes, o mejor dicho, Diego fue el primer héroe de la historia del fútbol y nosotros fuimos espectadores de algo sorprendente. Yo recuerdo que el día previo a la final, Diego estaba en una cancha de fútbol paseando como un león enjaulado, ante cientos de periodistas que estaban del otro lado de la valla tratando de captar su atención. Y por ahí estábamos Burruchaga, Passarella, yo y algunos otros, paseando como si fuéramos personajes anónimos, es decir, Diego en ese momento era, muy probablemente, el personaje más famoso del mundo. Lo más sorprendente es que él, efectivamente, no tenía ninguna duda de que merecía ese lugar (sonríe). La verdad que era un tipo muy intimidante cuando entraba a la cancha, hasta cuando estaba cantando el himno todos lo miraban de reojo. La sensación de poder que emanaba de su talento era algo extraordinario. Jugar un partido con Diego, como cuento en el libro, era como llegar a un pueblo del Oeste con Clint Eastwood, te tiene que ir muy mal para que te maten.
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