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Por Redacción

En el triunfo ante Inglaterra por los cuartos de final se alcanzó el punto máximo de euforia. Y tras la final, el éxtasis

El camino de la Selección Nacional dirigida técnicamente por Carlos Salvador Bilardo tuvo obstáculos sorteados con personalidad, inteligencia táctica y magia futbolera aportada por el mejor jugador del mundo, Diego Armando Maradona.

El equipo fue creciendo de manera paulatina hasta encontrar en el módulo táctico 3-5-2 en los cuartos de final su mejor expresión. La misma que permaneció hasta la brillante coronación en la finalísima frente a los alemanes en el Azteca.

CON EL PIE DERECHO

El andar del representativo nacional comenzó con el pie derecho en el marco del Grupo A de la máxima competición desarrollada en México en 1986.

En el debut, la albiceleste no dejó dudas al vencer categóricamente a Corea del Sur por 3 a 1, soportando el violento juego de los asiáticos, que con las rigurosas reglas disciplinarias del fútbol actual hubieran terminado con varios expulsados.

En el segundo paso apareció en el camino nacional el campeón del mundo vigente hasta este momento: Italia. Fue empate 1 a 1, con una genial definición de Maradona ante la incredulidad del arquero Galli.

En el tercer partido Argentina superó de principio a fin a Bulgaria para un 2-0 inobjetable.

A TODO O NADA

En la etapa de partidos de eliminación directa, el equipo del “Narigón” mostró un gran nivel en los octavos con Uruguay, al que venció 1-0, aunque mereciendo golear.

Llegaron los cuartos y enfrente estaba Inglaterra, con el recuerdo fresco de la guerra de Malvinas y un país pidiendo ganar. Fue 2 a 1, con la famosa “mano de Dios” y el mejor gol de todos los tiempos, ambos firmado por Diego.

Las semifinales tuvieron a una Argentina brillante. Con Maradona en nivel celestial, el doblete de Pelusa alcanzó para un 2 a 0 lapidario ante Bélgica.

Llegó la final ante la dura Alemania. La Selección comenzó marcando autoridad por los goles de Brown y Valdano, pero desatenciones generaron el empate teutón. Después, Burruchaga puso el 3 a 2 para la historia.

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