El primer signo concreto de acefalía en la AFA se vio ayer en la asamblea extraordinaria que se realizó en Ezeiza, cuando Luis Segura, a dos días de finalizar oficialmente su mandato, dejó aquella reunión bajo la responsabilidad máxima de Hugo Tomaghello, vicepresidente de Defensa y Justicia. En el salón de futsal del complejo Julio Grondona, tras una breve intervención de Segura, Tomaghello llevó adelante la asamblea que pasó a un cuarto intermedio hasta el 11 de julio junto al presidente de Gimnasia y Esgrima La Plata, Daniel Onofri, quien ofició de secretario. El ex titular de Argentinos Juniors, quien asumió el máximo cargo de AFA tras la muerte de Grondona en julio de 2014, intentó prolongar su mandato en las fallidas elecciones de diciembre de 2015, cuando la votación entregó un insólito empate en 38, cuando eran 75 asambleistas. Fue aquella, quizás, su última esperanza de permanecer al frente de la casa madre del fútbol argentino, porque luego bajó su candidatura para las elecciones del 30 de junio, que tampoco se realizaron.
Luis Segura se despidió de la AFA, dijo que fue un “honor” de haberla presidido y aseguró que no cometió ningún acto ilícito durante su gestión, pese a haber sido procesado por administración fraudulenta y tener un embargo sobre sus bienes de 50 millones de pesos. Segura habló como un presidente a punto de renunciar pese a que la FIFA ya le notificó el fin de su autoridad, dejando a una AFA cuasi acéfala a la espera de que un emisario desde Zurich conforme una comisión normalizadora. Asimismo, Segura se abstuvo de presidir la Asamblea en Ezeiza.
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