Hay cuestiones que por estos tiempos se harían difíciles de explicar, por ejemplo, ante el ingeniero argentino Leonardo Rondi, recibido en la UNLP y responsable de la construcción del túnel ferroviario de San Gotardo -el más largo del mundo- que une en un trayecto de 57 kilómetros bajo los Alpes, Suiza con Italia.
En La Plata, en el mismo Siglo XXI que se vive en Suiza, se debate cómo sortear un paso a nivel en la esquina de 1 y 32.
Nuestro autóctono diferendo, por supuesto, no es nuevo, ni menor. Muchos hablan a favor del acceso de trenes en “trinchera” o soterrado desde Tolosa, hasta la estación de 1 y 44, para mejorar y aliviar el tránsito sobre la ajetreada calle 1. Esta propuesta eliminaría barreras físicas en superficie (las vías), mejoraría notablemente la conectividad de la Ciudad y, a su vez, eliminaría los atascos de tránsito, no sólo en 1 y 32, sino también en 1 y 38, únicos puntos por los que, en la actualidad, se puede pasar de un lado al otro de las vías.
El pasado martes se presentó en el auditorio de la Facultad de Ingeniería la obra que se realizará en el cruce de 1 y 32 que, a no dudarlo, mejorará la conectividad, aliviará a los vecinos que viven a merced de los accidentes de tránsito, los embotellamientos y los bocinazos. El problema con esa propuesta es que resuelve los inconvenientes en un punto determinado, sin atacar la cuestión de fondo.
Cuesta entender, por otra parte, por qué si el servicio ferroviario está parado desde hace casi un año por la electrificación del ramal, recién ahora se busca dar vía libre a una obra complementaria que, aplicando el más elemental concepto de lógica, se debería haber encarado en forma conjunta con la del Roca.
Construir el paso bajo nivel demandará ocho meses (sin contar el largo proceso licitatorio); el eléctrico -dicen- estaría listo a fin de año. ¿Resultado? Habrá trenes cada 15 minutos y tránsito vehicular cortado durante un largo período. Durante esa incierta porción de tiempo, salir o entrar de la Ciudad desde la Autopista será posible sólo por 1 y 38 o por diagonal 80. Ilógico, a todas luces.
La modernización de la Ciudad -a la que todos los platenses aspiran- demanda, obviamente, la cuota de trastornos transitorios que todo obra supone.
Lo mínimo que el vecino puede exigir es que, a la hora de decidir, al menos, se aplique una cuota de sentido común. Apenas una cuota.
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