Jueves a las 10 de la mañana. Hace mucho frío y llovizna. Un joven con muletas toca el timbre de una inmobiliaria. “Vamos a atenderlo rápido así no tiene que esperar”, se apiadaron desde adentro. El muchacho consultó por un alquiler y se fue. Una hora después volvió, pero con dos delincuentes más.
A esa simulación le siguió luego algo totalmente distinto. Los encargados del local de 41 entre 16 y 17 reconocieron de inmediato al mismo chico -entre 25 y 30 años- que seguía con las muletas. El y sus acompañantes eran en realidad ladrones que se lanzaron a actuar muy violentamente. Por lo menos uno sacó un arma. Las muletas quedaron a un costado.
Las víctimas fueron Jorge Musto, el dueño, más tres empleados -una mujer entre ellos- y un cliente. El propietario fue el que se llevó la peor parte, pero todos fueron testigos de cómo pateaban puertas y los sometían a gritos.
“Nos llevaron a todos a la oficina de atrás y nos pedían constantemente la plata. La realidad es que acá nunca hay. Solamente tenía tres mil pesos en una campera, que se los dí. Pero igual siguieron buscando”, relató el martillero.
Fueron aproximadamente 10 minutos de tensión en el que a los empleados los maltrataron con empujones, los encañonaron y los amenazaban de muerte, con insultos incluídos.
Jorge, como se dijo, fue quien peor la pasó. Es que en un momento uno de los ladrones creyó que podía llegar a defenderse. Fue un ademán mínimo con un brazo, que un delincuente interpretó mal.
Por eso, ese asaltante le pegó una trompada en la cara que lo mandó al suelo. Después lo encañonó en la sien y amagó con dispararle.
“Lo único que les interesaba la plata”, repitió Jorge. Los ladrones pedían llaves de cajones y armarios para corroborar ellos mismos que no había más efectivo. Revolvieron todo y al final se conformaron con lo que había.
“Parecían inexpertos, porque uno nos decía una cosa y los otros, algo distinto. Estaban muy nerviosos y muy violentos”. La conclusión de la única mujer presente en el asalto tuvo que ver con uno de los mayores temores que se sintieron allí.
“tuvimos miedo”
“Tuvimos miedo de que se les escapara un tiro”, aseguró Jorge, acerca de uno de los tramos más tensos del robo. Los gritos exigiendo más dinero siguieron y los ladrones se robaron también cinco teléfonos más algunas pertenencias personales del martillero.
Por culpa de una de las contradicciones de los delincuentes, el robo se terminó. A la mujer la mandaron al fondo, y otro de los sujetos interpretó eso como un inminente llamado al 911.
Así fue que se escaparon corriendo, para doblar luego por calle 16. Ninguno de los tres usaba muletas. Se desconoce si tenían un auto cerca para huir.
En la inmobiliaria todos se quedaron petrificados por el susto. “Lo material fue lo de menos. Lo peor fue la actitud que tenían”, finalizó Jorge.
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