En 521 entre 140 y 141, en el corazón de La Granja, hay una biblioteca barrial donde chicos de distintas edades van a aprender computación, música y cultivan la costumbre de la lectura. Los delincuentes de la zona parecen oponerse a que eso pase, porque en menos de un año ya pasaron tres veces por el lugar.
Ayer a la madrugada se dio el último de esos casos. A las 9.30 de la mañana la primera persona en llegar vio que habían forzado con una palanca las rejas que cubrían una ventana lateral. “Hicieron destrozos y maldades de todo tipo”, se lamentó Alejandra, miembro de la comisión directiva de la biblioteca “Enlazando palabras”.
A lo que se refería ella fue a los libros desparramados por el suelo, a las botellas que tiraron en un inodoro y al montón de elementos que se llevaron.
La lista comenzó por tres monitores -los más nuevos- de las computadoras que los chicos usan para aprender. También se escaparon con algo de plata que habían dejado en una caja, para arreglos. No serían más de mil pesos.
Otro golpe duro lo concretaron los intrusos en otro salón contiguo: de ahí se robaron cuatro guitarras criollas, tres teclados y dos bajos. “Los únicos instrumentos que se salvaron son los que se habían prestado. Pero la música no nos la pueden sacar”, comentó el profesor de ese área.
La desolación no fue sólo en el primer momento de descubrir el robo sino que se extendió hasta la tarde, porque debieron dejar todo desordenado hasta que la Policía Científica terminó los peritajes.
Dos huellas digitales que aparecieron en distintos objetos que no se llevaron los ladrones podrían servir para empezar a desenmascarar a los delincuentes.
Por supuesto, en el barrio ya circula el rumor de quiénes habrían sido: “Los malandras del fondo”, dijeron, con cuidado de no ser precisos para no padecer represalias.
Alejandra incluso llegó a especular con que “es probable que hayan sido algunos chicos que en otro momento vinieron a la biblioteca”.
En septiembre de 2015 hubo otro antecedente: se llevaron cuatro computadoras, elementos de calefacción y distintas pertenencias. Hace un mes, volvieron a intentar hacer lo mismo, pero no pudieron: “Así cuesta mucho ayudar a que los chicos salgan de la calle. Sentís que das tres pasos adelante y retrocedés cinco”, reflexionó Alejandra.
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