A los 71 años falleció María Alejandra Gudoias, una reconocida docente de gran trayectoria en la localidad de Villa Elisa. Su participación y compromiso en instituciones como la biblioteca “Alejo Iglesias” y su forma de ser abierta y solidaria, provocaron que su partida sea considerada como un hecho doloroso para quienes la conocieron.
Había nacido el 2 de febrero de 1945, en La Plata. y creció junto a su hermano Fernando, ya fallecido.
Cursó sus estudios secundarios en el Liceo “Víctor Mercante” y, al egresar, optó por realizar la carrera docente en el instituto Terrero, del que se graduó como profesora de Biología.
Expresó su marcada vocación docente en innumerables establecimientos de la ciudad.
Su primer trabajo fue en una escuela de Melchor Romero, pero también se desempeñó en la Escuela Técnica N° 2 de Villa Elisa, la Escuela de Enseñanza Media N° 7 de Arturo Seguí, la Escuela Media N° 28 y los establecimientos 68 y 57, también de Villa Elisa, y en el Instituto Manuel Belgrano de City Bell.
Su trabajo fue comprometido hasta el momento en el que decidió jubilarse.
María Alejandra pasó la mayor parte de su vida en Villa Elisa, pero diez años atrás decidió mudarse a Gonnet.
Sin embargo, en los últimos tiempos, abrazó el sueño de regresar al lugar que la vio crecer.
Con variadas inquietudes de tipo cultural, se incorporó al coro de la biblioteca Alejo Iglesias, cada jueves participaba de los encuentros corales; además formaba parte de la comisión directiva de esa institución.
Una de las características que la definió fue su sociable personalidad. Le gustaba el diálogo y el encuentro con sus amigos, alumnos y vecinos; por eso y por su explícita bondad se ganó el afecto de todos ellos.
En el tiempo libre también disfrutaba de la lectura y de salidas, como por ejemplo, ver una película en el cine.
Además realizó varios viajes por el exterior y por diferentes paisajes de la Argentina.
Mientras su madre vivió mantuvo un vínculo muy estrecho con ella y estuvo a su cuidado con gran devoción.
María Alejandra tuvo además un gran amor por los animales, particularmente por su perro “Pachu”, con quien pasó los últimos 17 años. Tan grande fue el sentimiento que la unió a su mascota que no dudaba en postergar salidas para no dejarlo solo durante mucho tiempo.
Siempre le gustó disfrutar de su casa, de las plantas y de todo lo vinculado con las actividades al aire libre.
Sus amigos y compañeros la definieron como un encanto de persona, alguien a la que le resultaba sencillo brindarse y compartir; siempre dispuesta a dar una mano al que lo necesitara.
María Alejandra fue una mujer bella, con un halo de distinción y gran calidez.
SUSCRIBITE a esta promo especial